AMLO y Harp Helú, de rivales a jugar juntos al béisbol

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El presidente Andrés Manuel López Obrador a menudo llamaba a las élites empresariales ‘la mafia del poder’, pero cuando se trata de promocionar su deporte favorito, está dispuesto a jugar con ellos.

López Obrador tiene previsto emular el sábado la centenaria tradición estadounidense de realizar el primer lanzamiento en un juego de béisbol. El partido inaugurará el nuevo estadio de 3 mil 900 millones de pesos (207 millones de dólares) de los Diablos Rojos del México.

El equipo, que jugará un partido contra los Padres de San Diego, pertenece al multimillonario Alfredo Harp Helú. El antiguo propietario del negocio en México de Citigroup también tiene una participación en los Padres.

López Obrador, quien asumió el cargo en diciembre, es un seguidor apasionado del juego desde su infancia en un pequeño pueblo. Recuerda con cariño cuando jugaba en la posición de jardinero usando una pelota y un bate hechos en casa y escuchando transmisiones de radio de los juegos estadounidenses en español.

Aunque ha viajado poco fuera de México, hizo una excepción para el Juego de las Estrellas de la MLB en 2016 en San Diego, donde llevó a su hijo menor y se hizo una foto con David Ortiz, de los Medias Rojas de Boston.

López Obrador está promocionando el pasatiempo nacional de Estados Unidos al sur de la frontera como una forma de hacer ejercicio y combatir la epidemia de obesidad, y ha encontrado en Harp Helú un aliado inusual.

El mandatario criticó la forma en que el empresario de 75 años y sus socios, quienes adquirieron el control de Banamex del Gobierno federal por 3 mil 200 millones de dólares en 1991, lo vendieron a Citigroup por cuatro veces esa cantidad diez años más tarde, mediante una estrategia que evitaba pagar parte de los impuestos.

Pero López Obrador y Harp Helú, primo de Carlos Slim, crearon una sociedad de admiración mutua el mes pasado en la inauguración del Salón de la Fama del beisbol mexicano en Monterrey, un centro de 20 millones de dólares construido por Harp Helú.

En Estados Unidos, la tradición del primer lanzamiento por parte de un Presidente comenzó en 1910 con William Howard Taft.

El deporte también tiene una larga historia en México. Algunas narraciones lo mencionan en la guerra mexicano-estadounidense de 1848, mientras que otras se relacionan con la expansión de la inversión y la influencia cultural de Estados Unidos a finales del siglo XIX y principios del XX con el crecimiento de los ferrocarriles, incluso en Tabasco, estado natal del mandatario.

El deporte es más popular en el norte, cerca de la frontera de Texas, y en el sureste de México,y recibió un impulso en la década de los ochenta por el fenómeno del mexicano Fernando Valenzuela, quien ganó los premios Cy Young y Novato del Año de las Grandes Ligas.

La liga de 16 equipos de México tiene reconocimiento Triple A en Estados Unidos, aunque los equipos no están afiliados a los clubes de la MLB.

Hay una larga tradición de líderes izquierdistas obsesionados con el deporte ‘de la pelota caliente’ en América Latina: Comenzó con el revolucionario y líder cubano Fidel Castro, a quien años después se uniría Hugo Chávez en Venezuela.

Después de que Chávez asumiera el cargo a finales de la década de los noventa, los dos hombres reunían equipos de béisbol para jugar unos contra otros y tomaban el campo ellos mismos. Curiosamente, ambos eran lanzadores zurdos.

Entre los objetivos de López Obrador figuran abrir escuelas de béisbol para preparar a más mexicanos para jugar en las Grandes Ligas y ganar torneos internacionales. Aquellos que buscan un nivel de talento más alto pueden viajar a Monterrey para la serie de dos juegos por temporada entre los Rojos de Cincinnati y los Cardenales en abril y los Dodgers de Los Ángeles y Astros de Houston en mayo.

(Con información del Financiero)

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