Aprovechan asueto para visitar Los Pinos

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Las filas, los tumultos, el coraje por el presunto saqueo han vuelto a la ex residencia presidencial de Los Pinos, convertida ahora en centro turístico de Semana Santa.

Desde la entrada sobre Avenida Constituyentes hay una cantidad de visitantes similar a la que había en diciembre, luego de que el nuevo Presidente decidió despachar en Palacio Nacional y convertir Los Pinos en centro cultural.

Las filas comienzan en los detectores de metal y los escáners ubicados antes de ingresar a la escalinata flanqueada por las estatuas de los ex Presidentes que vivieron en Los Pinos, desde Lázaro Cárdenas hasta Enrique Peña Nieto.

«¿La habrá mandado poner López Obrador o el mismo Peña la mandó a hacer?», se preguntaba el señor Antonio Ortiz, un ingeniero de Ciudad Juárez, Chihuahua, que agregó un nuevo destino a sus vacaciones en la Ciudad de México.

Ya fue a Teotihuacan, al Estadio Azteca, a Coyoacán, a Xochimilco y al Castillo de Chapultepec.

Varios visitantes se forman en los arcos, en las escalinatas de la casa Miguel Alemán, la más lujosa, en el pasillo que da hacia el despacho de Vicente Fox y la recámara de la ex pareja de Peña Nieto, Angélica Rivera.

Se forman también afuera de la sala de cine de Felipe Calderón y salen enojados.

«Somos masoquistas: venimos a ver todo el lujo con que vivían los presidentes y llegando y todo está saqueado, solo venimos a ver las paredes», dijo el colimense Francisco Jileta.

Los policías militares que vigilan el lugar y los becarios del Programa Jóvenes Construyendo el Futuro (que ahora reciben 3 mil 600 pesos al mes por cuidar el vacío de la residencia) recuerdan que después de diciembre había bajado el aforo, pero que ahora por Semana Santa vino más público de fuera de la Ciudad.

Familias de Ciudad Juárez, Mérida, Toluca y Querétaro, por lo menos. Hubo tanta gente que se tuvo que impedir la visita hacia la cocina presidencial, pues por lo angosto de la entrada ahí se formaba un tumulto.

«Lo que pasa es que la gente se quiere tomar atribuciones que no tiene», dijo el policía militar que cuidaba el pasillo.

«Atribuciones como querer usar el baño», dijo molesto.

El paso hacia la recámara presidencial también está cerrado, lo mismo la oficina que tenía Peña Nieto en la residencia Lázaro Cárdenas, además del salón donde según se firmó la expropiación petrolera.

Para esta temporada vacacional, el complejo cultural ofrece funciones de cine y de óperas primas del Centro Cultural de Capacitación Cinematográfica con funciones a las 12:00 y 15:00 horas, en el Salón Adolfo López Mateos, adaptado como sala de cine para el pueblo, con funciones como «Ahí está el detalle», de Cantinflas, o «Cría Puercos».

Los vigilantes dijeron que no les han dicho que vayan a cambiar sus horarios en estos días: abierto de domingo a martes, de 10:00 a 17:00 horas.

A pesar de todo, la población sale molesta. Tanto caminar, dicen, y la casa está vacía. ¿Dónde están las alhajas de la Gaviota, el bar de Felipe Calderón?, preguntan.

«Venimos a ver puras paredes, todo se lo robaron, ni una cuchara nos dejaron», reprochó la señora Rutilia Mejía.

¿Que si creía que López Obrador iba a castigar a los ladrones? Rutilia negó con la cabeza.

«A todos nos ven la cara, ellos se protegen entre ellos», dijo.

(Con información de Reforma)

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