Expone diseño urbano a personas vulnerables

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Las más de 400 mil personas con alguna discapacidad motriz o visual que habitan la Ciudad de México se encuentran en riesgo permanente en cuando pisan la calle, según concluyó Guillermo Boils, académico de la Facultad de Arquitectura de la UNAM.

De acuerdo con sus estudios, el trazo urbano de la Capital está diseñado para privilegiar el tránsito de los vehículos automotores y, a la vez, excluye a los habitantes que requieren apoyos especiales para movilizarse, como bastones, sillas de ruedas o andaderas.

Banquetas rotas o disparejas, coladeras y registros sin tapa, rampas de estacionamiento dañadas o inexistentes, troncos y raíces de árboles sobre las aceras, ponen en riesgo a la población en general, pero especialmente a las personas con algún tipo de discapacidad.

A las deficientes condiciones de la infraestructura pública se suma la saturación de mobiliario urbano, como cabinas telefónicas, herrajes de ventanas, medidores, puestos ambulantes, buzones y otros más.

«El nuevo reglamento (emitido por la Secretaría de Movilidad) señala que las personas con discapacidad tienen prioridad, después los peatones y al final los carros particulares, pero en la práctica no es así», subrayó el experto.

Algunas banquetas son lisas cuando deberían ser rugosas para evitar resbalones. También la inclinación de las rampas, en su mayoría, no es indicada.

«El problema es multifactorial: conciencia ciudadana, leyes, ética de funcionarios públicos y sentido de compromiso de los diseñadores del espacio público», consideró Boils.

En distintos recorridos, REFORMA acompañó a personas con discapacidad para conocer su opinión sobre la condición de la infraestructura urbana.

Marco Antonio Ibarra explicó que a los dos años le edad, en 1951, le dio poliomielitis.

Al paso del tiempo, a causa de esa enfermedad y a una incorrecta operación de cadera, su movilidad se fue deteriorando.

Por ello, en su andar por la Ciudad es auxiliado de una andadera porque, además, sólo tiene visión clara de su ojo izquierdo.

«No piensan en nosotros, no existimos para los gobiernos, los discapacitados no existimos, no hacen nada para nosotros», reprochó.

«Hay banquetas que no son del tercer mundo, son del octavo mundo, una grosería para nosotros (porque) nos tenemos que bajar de la banqueta, de la calle, al arroyo para poder pasar».

Para Alfredo Pérez, el problema no sólo son las banquetas, sino los propios cruces de las avenidas que también están dañados.

«En los baches luego se cae uno cuando va caminando, se falsea uno hasta las piernas», comentó.

(Con información de Reforma)

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