Inicia juicio contra radical que sobrevivió a atentado de París

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Ciudad de México, 6 de Febrero 2018

Salah Abdeslam, el único terrorista que sobrevivió a los atentados de París del 13 de noviembre en 2015 que costaron la vida a 130 personas, decidió no responder a ninguna pregunta de los magistrados en el arranque del juicio, ayer en Bruselas, por su participación en un tiroteo contra la policía belga, días antes de los atentados del 22 de marzo de 2016 en la capital de ese país.

“Júzguenme, hagan lo que quieran conmigo, tengo mi confianza en Alá. No tengo miedo de ustedes”, afirmó Abdeslam, en tono desafiante ante el Tribunal de Bruselas que lo juzga, informó la radio pública francófona RTBF.

Abdeslam dejó claro que su “silencio” no lo convierte en “un criminal”. “Es mi defensa”, justificó en las pocas declaraciones que hizo ante el tribunal, cuando la presidenta de la sala del caso, Marie-France Keutgen, cuestionó por qué asistió para no responder.

El sospechoso aseguró haberse presentado ante la justicia porque le requirieron ir. “Me acusaron, entonces estoy aquí. Mantengo mi silencio. Es un derecho que tengo. Mi silencio no me convierte en un culpable ni en un criminal”, argumentó.

Además, exigió “no ceder ante la presión pública” y que se juzgue con base en “pruebas tangibles y científicas” . “Los musulmanes son juzgados y tratados de la peor de las maneras, sin piedad. No hay presunción de inocencia. No hay nada”, reclamó.

Un yihadista dañado por mala compañía

Salah Abdeslam vivía con sus padres, sus dos hermanos, Mohamed y Brahim, y su hermana en un edificio con vistas a la alcaldía en Molenbeek, donde no se le consideraba un aprendiz de yihadista.

Salah trabajó como técnico en la STIB, la empresa de transporte público de Bruselas. En marzo de 2013 abrió un bar en el barrio con su hermano Brahim, Les Béguines, donde se bebía cerveza y se fumaba mariguana.

Los amigos de los hermanos Abdeslam dicen que empezaron a mostrar señales de fervor religioso antes de la matanza. Para algunos de ellos el problema llegó con “las malas compañías”.

Entre sus amigos estaba Abdelhamid Abaaoud, quien se convertiría luego en uno de los yihadistas belgas más notorios y en el presunto cerebro de los atentados de París. En los últimos meses “ya no bebían y rezaban un poco más”.