Jerónimo despunta en una tarde gozosa

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Ciudad de México, 8 de Enero 2018

Domingo de reyes y en la Plaza México vuelven toros bravos de nueva cara frente a matadores plenos de oportunidades. Caparica se presentó por vez primera en temporada grande, y todas las estampas dieron buen juego frente a una baraja de matadores variopinta, de mucho valor y entrega: Jerónimo Arellano Muñoz y sus brillantes ferias, Llaguno y su inexplicable ausencia de los ruedos, el confirmado Lomelín y su suerte heredada.

Lucerito Divino, astiblanco capacho, rabicano larguérrimo con 538 de entrepelado burel de mucha bravura fue para la confirmación del sombrío en oro Antonio Lomelín, el ansia de la novedad. Luego de un poderoso derrumbe al picador, el joven espada puso el hígado en un par de verónicas. Solemnemente comenzó a porfiar ante un animal que supo embestir a su doctorante, que le aguantó un aviso con la espada atravesada.

Remolino, morrillo engreído, de 521 de puro cornalón de inmensa presentación entrepelada, ojito de perdiz llegó con aplausos a las verónicas de altura de un Jerónimo, azul profundo en flores churriguerescas de oros, gustoso con la capa. Cruzó sin ver la vara, pero lo ajustó muy bien Diego Martínez con el último par de rehiletes. Fijo, repetidor, lento, el astado dejó estar al matador capitalino por las derechas con mucho sentimiento, le dejó adornarse hasta los pases por alto, pero se cuidó tanto de la musculatura rodante que pinchó en un primer viaje.

Cárdeno asombrerado, tremendo agujiaperto Ilusionista de 557 kilos de embestida furiosa, galopón de entrepelo, tocó en primera suerte al falto de plaza Juan Pablo Llaguno, serio grana de corazones dorados, y puso el nervio en el saludo y en el segundo tercio. De muleta y por doblones, el caparico transmitió poco, por derechazos punteaba, por naturales se quedaba en media embestida y el celo llegó cuando echó a volar a su valiente coleta, que no le quitó la cara ni antes ni después de la maroma y paliza espectacular. Pinchando, se despidió con desprendida estocada del tercero de la jornada, con un aviso.

Vaquero, negrón cornivuelto, rabón de mucho sobresalto de 523 kilos de poderío, fue el toro de la tarde para una media belmontina, un par de verónicas de saludo y una diestra de Jerónimo que se dio gusto con su compás abierto, a pesar de haber desmontado al varista y haberse llevado por delante a su matador en turno al salir del tumbo. Con trincherazos de antología y unos naturales defectuosos, obviamente se llevó la sentida tarde, con estocadón, vuelta al ruedo y salida al tercio de los ganaderos para regocijo del domingo.

Trueno, zaino que se coló al callejón, llevándose al monosabio Gamucita en su salto de 555 kilos de astas vueltas, dejó mucho qué desear para el molido Llaguno después del trastazo del animal, que acaso un par de verónicas y dos intentos de estocada dejó a su paso. El cierraplaza, Soñador, el entrepelado más ligero de la jornada, dio al traste a la certificación de un Lomelín que le dio una distancia inútil por naturales, unas manoletinas forzadas al finalizar.

“Vaya la crónica para Muriel y Cuauh en su vuelta por nuestra ciudad.”