La naturaleza del poder

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Vladimir Galeanavladimir.galeana@capitalmedia.mx

Se define al poder como la capacidad de unos pocos para hacerse obedecer por la mayoría. Por la naturaleza del poder, las preguntas más recurrentes entre los doctrinarios –para definirlo más claramente– se relacionan con la circunstancia de quién tiene el poder y quién ejerce el poder. Para otros especialistas del fenómeno político y de la Teoría del Estado la pregunta se circunscribe en “quién manda y quién manda mandar”, y es a partir de ello que los tratadistas definen las características propias de los sistemas políticos y las particularidades que se conceden a quienes encabezan el gobierno.

Pero también el poder tiene que garantizar, desde su muy particular esfera de aplicación del poder mismo, las aspiraciones sociales de igualdad y libertad, y tutelarla de una forma en que los excesos del poder no coarten las garantías de esa igualdad entre hombres y mujeres, y definir hasta dónde la libertad pudiera transformarse en libertinaje por el estiramiento conductual de algunos sectores sociales. Pero también hay que señalar que en muchas ocasiones se relaja la libertad entre los poderosos hasta caer en el libertinaje, y se constriñen los derechos a los menesterosos para evitar que su necesidad se convierta en amenaza para la llamada “paz social”.

Es en este contexto legal y legítimo en el que se desarrollan los procesos conductuales de los gobernantes, donde presuntamente se aplica la “razón de estado” para justificar acciones u omisiones de quienes encabezan las instituciones de gobierno. El problema es que ese hacer o no hacer se convierte en la primera arma política que no debiera ser utilizada por quienes forman el gobierno, pero que son ellos los que definen con sus excesos personales la forma en que los estratos sociales reciben los apoyos gubernamentales, convirtiéndose en cómplices de esos excesos por la simpleza de su pobreza.

Dicen los especialistas que en cualquier forma de gobierno, o en cualquier tipo de régimen, son las oligarquías las depositarias del poder, y esas mismas oligarquías son las que otorgan nacimiento a nuevas formas estructuradas de grupos de poder que terminan confrontándose con otros grupos para la formación y conformación de las nuevas oligarquías. Para decirlo más claro y preciso, la nueva oligarquía de este país son los grupos de colaboradores cercanos al presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

El término oligarquía se define como un sistema de gobierno en la que el poder está en manos de una pocas personas pertenecientes a una clase social privilegiada. Para decirlo más claro, los futuros oligarcas de este país son aquellos que ahora, y ante la pasividad agónica del régimen peñista, son quienes están comenzando a tomar las decisiones sin que haya el juramento constitucional de por medio. Es más, el abandono de la plaza por el Presidente de la República es propio de alguien que nunca se preocupó por imponer orden en su gabinete.

El régimen que llegó con uno de los bonos democráticos más altos de la historia reciente, fue exterminado por otro régimen que alcanzó un bono superior entre los mexicanos, y desde ahora están mostrando y demostrando hacia dónde caminarán porque aun cuando no toman protesta ya se observan los excesos. México no seguirá siendo el mismo, y es tan alta la esperanza despertada por Andrés Manuel López Obrador, que de no cumplir las expectativas ofrecidas de forma inmediata, el fracaso rondará por todas partes. Así de simple es la circunstancia del poder. Al tiempo.