Obesidad, factor de riesgo ante Covid; afecta el sistema inmune

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Las personas con ese padecimiento son más vulnerables al coronavirus; depresión y ansiedad inciden en la sobreingesta.

SANDRA DELGADO

La emergencia sanitaria por la Covid-19 obligó a miles de niños, jóvenes y adultos a actuar mediante plataformas digitales y en televisión, dejando a un lado las actividades deportivas en escuelas, parques y centros de convivencia familiar por el temor al contagio.

Con eso se hizo presente otra pandemia sanitaria, la del sobrepeso y la obesidad, que, además de ser considerada un factor de riesgo, ahora también lo es para la Covid-19. Personas con ese padecimiento son más vulnerables al virus, ya que debilita su sistema inmunológico.

En el contexto del Día Mundial contra la Obesidad, que se conmemora hoy 12 de noviembre, Daniel Pahua Díaz, responsable del Área de Evaluación del Departamento de Salud Pública de la Facultad de Medicina, explica que el sobrepeso y la obesidad se definen como el aumento en la acumulación de la masa grasa corporal (brazos, estómago, piernas) y visceral (recubrimiento de órganos).

Precisa que la grasa, dentro de ciertos parámetros, es importante para el buen funcionamiento del cuerpo como reserva de energía y precursor de hormonas. En México, la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2018 del Instituto Nacional de Salud Pública indica que siete de cada 10 mexicanos tienen sobrepeso u obesidad; y según cifras de la Dirección General de Epidemiológica, hasta octubre de 2020 se confirmaron 616 mil 894 casos positivos con Covid-19, de los que cerca de 113 mil 500 (18 por ciento) presentan esta condición.

Las patologías físicas que hacen que las personas con obesidad sean vulnerables a la Covid-19 empiezan con la grasa abdominal, que empuja hacia arriba el diafragma, ocasionando que ese músculo comprima los pulmones y restrinja el flujo de aire.

“Es impresionante la cantidad de enfermedades que se desprenden de ello, como el síndrome metabólico; diabetes, hipertensión, problemas articulares, respiratorios, entre otros. Inclusive con la actual pandemia se asocia un riesgo más alto en gente con sobrepeso y obesidad, porque la situación de salud se complica más”, comenta.

Las patologías físicas que hacen que las personas con obesidad sean vulnerables a la Covid-19 comienzan con la grasa abdominal, que empuja hacia arriba el diafragma, ocasionando que ese músculo comprima los pulmones y restrinja el flujo de aire, expone.

Para el especialista lo recomendable es la prevención y la promoción de las afectaciones, apoyarse en la educación para la salud con el propósito de que la gente tome en serio el tema y no espere a tener 20 kilos arriba de su peso normal o sentir molestias, como dolor de rodillas, para entonces asistir con algún experto. Lo mejor es optar por una dieta balanceada.

Refiere que estrategias como el “etiquetado de alimentos” y las campañas del sector Salud para que la población acuda al médico, vigile su peso y haga ejercicio, son parte de una política para combatir dichas enfermedades; pero es necesario crear mayor conciencia de la responsabilidad que cada quien tiene para cuidarse.

“Esta cuestión es relevante, pues en el sistema de salud, público o privado, luchamos con contracorriente, porque hay una industria alimentaria que no es precisamente la más saludable; por lo que aquí es ver cómo convencer a los padres de familia que ciertos productos no son nutritivos ni saludables para sus hijos”, afirma.

¿Todo lo que se dice es cierto?

En la actualidad hay mitos y diversas opiniones en torno a cómo llevar una alimentación balanceada, con el objetivo de evitar el sobrepeso y la obesidad; sin embargo, no todo lo que se dice en revistas o páginas on line es verdad.

Según información de la Secretaría de Salud, se pensaba que ingerir alimentos entre comidas contribuía a aumentar de peso, pero se comprobó que ayuda a mantenerlo de manera adecuada, siempre y cuando la alimentación sea nutritiva, variada y balanceada; de esta manera el metabolismo se activa, la regulación de glucosa en la sangre, y es un aporte de nutrientes y energía.

También se piensa que el uso de laxantes y diuréticos ayuda a adelgazar, pero promueven la producción y secreción de orina, así como evacuación de heces; por lo que en ambos casos hay pérdida de líquidos, lo que causa deshidratación, mas no pérdida de masa corporal o grasa.

La dependencia señala en su página electrónica que inclusive hay quienes creen que saltarse las comidas o hacer ayunos prolongados ayudará a bajar de peso; no obstante, cuanto más tiempo transcurra entre una comida y otra el riesgo de aumentar de peso es mayor porque el cuerpo agota la energía proveniente del azúcar, por ejemplo, y consume grasa; esa reserva se debe cubrir nuevamente. Por lo que la sensación de hambre hará que se coma más cantidad y rápido.

Además, se creyó que mientras más sobrepeso u obesidad tenía una persona, tendría el mismo estado de ánimo que alguien sin estas afecciones; no obstante, se ha visto cierta relación entre el peso aumentado con trastornos alimenticios, ansiedad y trastornos de la personalidad.

El papel de la psicología

“La relación entre las emociones y la sobreingesta tiene que ver con que la gente la asimila como una estrategia para regular sus afectos, tanto positivos como negativos; alguien que se siente triste puede recurrir a la sobreingesta para disminuir la tristeza o cuando hay que celebrar algo se hace mediante una comida que a veces no siempre está bien balanceada”, asevera José Alfredo Contreras Valdez, profesor de la Facultad de Psicología (FP).

Los tratamientos más efectivos que hay en Psicología son los cognitivos conductuales, un tipo de psicoterapia basada en investigación científica en la que se analiza la situación de manera individual, en función de diversas teorías del aprendizaje para conocer por qué la persona incurre en este tipo de conductas y, luego, ofrecerle diferentes estrategias, como establecer un plan de alimentos de forma estructurada, disminuir los pensamientos negativos que propician la insatisfacción corporal, tolerar el malestar emocional relacionado con la ingesta alimentaria, entre otras, explica.

Además, si alguien, después de tener un “atracón de comida” desarrolla pensamientos disfuncionales, es muy probable que se deba trabajar en reformar el pensamiento, porque ayuda a disminuir la intensidad de los no funcionales y a desarrollar otros más adaptados a la realidad que vive.

El universitario considera que estos son los tratamientos más efectivos para los elementos psicológicos relacionados con la obesidad y, en general, para los que se conocen como trastornos alimentarios.

“La obesidad y el sobrepeso difieren de los trastornos alimentarios, como bulimia y anorexia; en tanto que las primeras son condiciones físicas cuyo origen es multifactorial, en las segundas la afección central es psicológica, es decir, comportamental. Ambos problemas pueden ser tratados a partir de la psicología para ayudar a la gente a salir más rápido de su situación”, añade.

Contreras Valdez enfatiza que la FP cuenta con diferentes centros para dar atención, siempre y cuando haya el deseo de la persona de trabajarlo, porque eso es un gran paso.

Un aspecto esencial que sugiere es evitar la comida como premio o castigo, porque el vínculo entre emociones y alimento se hace desde casa en edades tempranas y se refuerza constantemente en la sociedad; inclusive, no incurrir en burlas, comentarios peyorativos o colocar apodos a aquellos con sobrepeso u obesidad, ya que no se sabe de qué manera o a qué grado llegan a afectarles.

*CON INFORMACIÓN DE GACETA UNAM

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