Palabras Más / Viajar en Metro

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#LaVerdadlePeseaQuienlePese

Adiós mi linda Tacuba, bella tierra tan risueña

Ya me voy de tú Legaría, tú Marina y tú Pensil

Ya me voy me lleva el metro por un peso hasta Tasqueña

Si en dos horas no regreso guárdame una tumba aquí…

Chava Flores

Por: Arturo Suárez Ramírez

Estimado lector muchas gracias por leer esta columna, le deseo un buen miércoles. Empujones, jalones, gritos y silencios que viajan en el mismo vagón, vendedores que se abren paso sobre la multitud para ofrecer artículos inservibles y hasta milagrosos, todo por menos de  diez pesitos, filas para comprar los boletos, enojos contra el gobierno de la Ciudad por los retrasos de los trenes, amistades y amantes que esperan debajo del reloj, escaleras sin funcionar, sudor, lágrimas, nacimientos y muerte, todo esto convive en el Metro de la Ciudad de México.

Ahí va Israel, uno de esos molestos vendedores, en la espalda una gran mochila y dentro una enorme bocina que utiliza para poner música, con la mano derecha ofrece una memoria USB con lo mejor de la música clásica, Mozart, Beethoven, Chaikovski… para los mundanos,  Vicente Fernández, José José, Juan Gabriel… O que tal para las adoloridas los éxitos de Lupita D’Alessio, Yuri, Paquita “la del barrio”… Con la mano izquierda sostiene a su pequeño hijo de 6 años porque no hay quien lo cuide.

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Me dice uno de los policías de la estación Hidalgo, que le ha tocado presenciar  el suicidio de dos personas, “así sin más ni más, se avientan a las vías, y el metro los arrolla, la verdad quien sabe que pase por su cabeza. Debe ser una desesperación muy grande, no piensan en su familia y en lo que provocan”, refiere el oficial subido en una caja de madera para tener mejor visión de los usuarios, se escucha su silbato en todo el andén porque llegó el convoy, una y otra vez repite la acción.

En este microcosmos subterráneo, también hay historias de vida. La semana pasada una adolescente de 15 años dio a luz a un niño al interior de la estación Pantitlán, de la Línea 9.  Personal de Seguridad Industrial e Higiene de la institución brindó los primeros auxilios, atendió las labores de parto y cuidó la salud del recién nacido, y como estas muchas más.

El 18 de septiembre del año 2009, entre el bullicio cotidiano del Metro, se escucharon los disparos que hacía un hombre de 38 años en contra de varios usuarios, un desquiciado  cuyo enojo derivado de la prohibición de pintar con un plumón en las instalaciones, detonó la desgracia, dejando la lamentable cifra de dos muertos. Se compró equipo detector de metales, se endureció un poco la vigilancia y luego como siempre, no pasó nada, ahora esos equipos son chatarra.

O que le parece la escena de personas ingresando a las instalaciones del Metro con un ataúd. Sucedió en noviembre de 2017, cuatro hombres y dos mujeres pidieron permiso para ingresar en Allende con el féretro, el policía a cargo les permitió el paso, porque le aseguraron que no tenían los recursos necesarios para solicitar los servicios del flete.

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Por cinco “pesotes” se puede viajar por toda la Ciudad, de norte a sur y de este a oeste, los que han utilizado este transporte que corre por las venas de la gran ciudad, seguro que tienen una historia que contar, buenas y malas. Y la autoridad mucha que invertir, mucho que reparar y si lo hacen bien, mucho que ganar.

Felicidades al Metro que cumple 50 años.

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Nos vemos porque ya viene el tren…

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