Tijuana, Mexicali y Juárez sufren por sobredosis con fentanilo

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“Cuando cayó hace tres años murieron seis cabrones en una semana”, dice Roberto Prado, de 51 años, quien pertenece a una comunidad compuesta por varias docenas de usuarios de drogas inyectables bajo un puente en un canal de Tijuana.

Anteriormente en este sitio así como en otras ciudades de la frontera norte se vendía exclusivamente la heroína “negra”, hecha de goma de opio proveniente de estados como Guerrero o Chihuahua. Ahora los grupos criminales de la frontera norte prefieren traficar “el polvo blanco”, una droga sintética que regularmente contiene fentanilo, un analgésico 50 veces más fuerte que la heroína.

El fentanilo, cuyos precursores químicos son importados desde China, es más barato de producir que la heroína, resultando mucho más lucrativo para traficantes. El cambio va de la mano con un aumento considerable de sobredosis, dicen una docena de usuarios y activistas entrevistados en las ciudades fronterizas de Tijuana, Mexicali y Ciudad Juárez.

Frente a una crisis de fentanilo emergente, los usuarios enfrentan indiferencia o incluso hostilidad de parte de la sociedad y las autoridades. El único respaldo que tienen los usuarios se da entre ellos mismos, o proviene de activistas con pocos recursos. En Ciudad Juárez, las ambulancias no atienden a llamadas de emergencia por sobredosis. Entrevistados comentan que la policía es abusiva con usuarios y les extorsiona. Algunos adictos son recluidos forzadamente en centros de rehabilitación, saliendo con menor tolerancia a las drogas, exponiéndose así a riesgo de sobredosis en caso de recaída.

“2018 para nosotros fue el año del fentanilo, y de las sobredosis, como nunca antes se había visto”, comenta Luis Alberto Segovia, director de Prevencasa, asociación tijuanense dedicada a la reducción de daños por consumo de drogas. Prevencasa opera en la Zona Norte de Tijuana, barrio pobre pegado al muro fronterizo con Estados Unidos (EU).

Unos 150 usuarios, la mayoría hombres entre 30 y 40 años, diario recurren al intercambio de jeringas de Prevencasa. Sus médicos proveen tratamiento para el VIH, Hepatitis C y abscesos de la piel, que ocurren frecuentemente en usuarios de drogas inyectables.

El año pasado el fentanilo llegó a ser la principal causa de sobredosis en EU. Se le considera la epidemia más mortífera en la historia de este país. Aunque la denominada “crisis de los opioides” ha causado que su gobierno declare una emergencia nacional de salud, en México la adicción a drogas inyectables permanece invisible.

Una de las razones consiste en que el uso de drogas inyectables se limita principalmente a la frontera norte del país: una mayoría de usuarios son ex-migrantes indocumentados deportados desde EU, quienes regresan cargando su adicción. Este factor impide que la crisis emergente del fentanilo se establezca en el resto de México, aunque laboratorios de fentanilo han sido descubiertos incluso hasta en la CDMX.

La situación en la frontera norte requiere atención urgente, comentan activistas de reducción de daños. Sin embargo, no existen estadísticas oficiales sobre sobredosis en la región. La causa de muerte de usuarios indigentes no es investigada, dicen integrantes de Prevencasa. Autoridades estatales de Baja California confirman que, en el caso de sobredosis fatales, no se examina el tipo de droga.

A pesar de la falta de cifras, queda claro que el fentanilo ya es una presencia en las calles. Cuando usuarios se registran para intercambios de jeringas, se les pide declarar su droga de preferencia: tanto en Tijuana como en Mexicali, se nota un cambio pronunciado desde “la negra”, la heroína tradicional, hacia “el polvo blanco”. Pruebas en jeringas usadas y otro material de consumo salen positivo para fentanilo en estas ciudades fronterizas. Médicos de Prevencasa ya tienen que acudir semanalmente a las calles para tratar sobredosis.

“Definitivamente observamos que algo está pasando”, comenta Julián Rojas Padillo, encargado de reducción de daños en el Programa Compañeros de Ciudad Juárez. “No veíamos tantas sobredosis antes. Pero queda mucho por aclarar, es difícil precisar la escala del problema. Hemos buscado datos, pero ha sido complicado, las autoridades no responden”. Rojas Padillo nos dice: el estigma social sobre el consumo de drogas hace invisible a los usuarios. “Las mismas ambulancias se niegan a atender llamadas de sobredosis, dejando a los usuarios a su suerte”.

“Frente a mis ojos se han muerto varios por la sintética”, dice el usuario Pedro León, de 72 años, de Tijuana, “pero no se hace nada de escándalo, ni de preguntas, ni nada. No le importamos a nadie”.

Para reducir los daños fatales del fentanilo, en Tijuana han comenzado a distribuir a usuarios de calle el medicamento “naloxona”, que neutraliza las sobredosis. Muchos usuarios siempre la cargan y la administran a otros regularmente. “Cada semana inyecto a alguien”, comenta Roberto Prado, quien ha sido adicto a la heroína desde hace 15 años. Una vez se mantuvo limpio durante un año dentro de un centro de rehabilitación, pero recayó poco después de su salida. “Es que no hay otras opciones aquí, no hay trabajo, ni nada. Por eso nos resulta tan difícil para todos seguir adelante”.

(Con información de Sin Embargo)

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