Venezolanos buscan objetos en cloacas; los venden para comer

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Ciudad de México, 9 de Enero 2018

En 2005, el fallecido presidente Hugo Chávez prometió una limpieza del Guaire, un río que atraviesa la capital venezolana y en el que cae agua de lluvia de calles y cañerías, así como desperdicios industriales. “Los invito a bañarnos en el Guaire… pronto”, lanzó en cadena de televisión. Hoy, ese cuerpo de agua es el lugar de trabajo de venezolanos que buscan en sus aguas turbias algún objeto de valor que se pudo haber caído por el lavabo y que sirva para venderlo y conseguir un poco de comida.

La recolección de tesoros, como le llaman los que ahí laboran, es una práctica de vieja data, pero la crisis económica en Venezuela ha llevado a un mayor número de personas a arriesgarse a “pescar” una infección o a ser arrastrado por el río y morir.

Ángel Villanueva tiene 26 años. Hunde las manos en el fondo del canal poco profundo, apartando el rostro del fétido olor. Después se levanta, dejando que tierra y piedras le caigan entre los dedos y buscando una tuerca de pendiente, anillos perdidos o cualquier otro preciado trozo de metal.

  • El Dato: Para el cálculo de la inflación, el Banco Central hace una medición nacional en una encuesta que se realiza mensualmente en tres mil comercios y empresas de servicios.

Villanueva busca junto a otras dos personas, sin perder de vista las nubes oscuras en las montañas que rodean Caracas. Podrían empezar a descargar lluvia en cualquier momento, dándole apenas unos minutos para salir o morir arrastrado por el agua. “Trabajar en el Guaire no es fácil”, comentó. “Cuando te da, te da. Y cuando te quita, te quita la vida”.

En ocasiones, los chatarreros –como llaman a los recolectores del Guaire– parecen estar jugando, sin camiseta y riéndose en grupos. El sol se refleja en sus espaldas dobladas cuando se agachan, sacan rocas y las lanzan a un lado con un salpicón.

“Desde que recuerdo, el Guaire era un desagüe a cielo abierto”, comentó Alejandro Velasco, nacido en Caracas y profesor de historia latinoamericana en la Universidad de Nueva York. “Desde luego parece reflejar la profundidad y extensión de la desesperación que ha desatado esta crisis en particular”.

Tras casi dos décadas de gobierno socialista, la producción de alimentos y petróleo se ha hundido en medio de una deficiente gestión de recursos estatales y el descenso en los precios mundiales del crudo ha sumido a muchos venezolanos en la desesperación.

Venezuela cerró 2017 con una inflación de dos mil 616 por ciento, según cálculos de una comisión especializada del Parlamento, de mayoría opositora.

“El índice de inflación para diciembre (pasado) fue de 85 por ciento, con una inflación acumulada en 2017 de dos mil 616 por ciento”, precisó ayer a periodistas el diputado opositor Rafael Guzmán.

Venezuela tuvo además “una caída del Producto Interno Bruto de 15 por ciento el año pasado”, agregó el legislador, miembro de la Comisión de Finanzas del Parlamento, que difunde indicadores económicos debido a que el Banco Central de Venezuela (BCV) no los publica desde hace dos años.

La industria petrolera —que aporta 96 por ciento de los ingresos al país— produce 1.9 millones de barriles diarios, según la última cifra oficial difundida, por lo que la merma de la producción de petróleo superó los 400 mil barriles el año pasado, según el Parlamento.

El gobierno, que no reconoce al Parlamento, achaca la grave crisis al desplome de los precios del petróleo y a una “guerra económica” de empresarios de “derecha” que, asegura, busca derrocar al presidente Nicolás Maduro.

Durante 2017, Maduro anunció seis aumentos salariales; el último, el pasado 31 de diciembre, que fijó el salario mínimo integral (sueldo más bono de alimentación) en 797 mil 510 bolívares (238 dólares a la tasa oficial y seis dólares en el mercado negro).

“No hay aumento de salario que pueda combatir esta situación”, comentó Guzmán, al señalar que Venezuela es el único país del mundo en tener hiperinflación.

El diputado José Guerra, presidente de la Comisión de Finanzas, aseguró que para frenar la hiperinflación es necesario desmontar el sistema de control de cambio, vigente desde hace 15 años, con el cual el gobierno monopoliza las divisas.

Ante la falta de dólares, muchos empresarios acuden al mercado negro (donde el dólar se cotiza 40 veces más que el oficial) para operar sus negocios, disparando los precios de los bienes y servicios.

Según Guerra, el BCV debe “parar la impresión de dinero inorgánico” y el gobierno “refinanciar la deuda externa”, estimada en unos 150 mil millones de dólares. “Estamos hablando de una inflación que puede pasar el 10 mil por ciento si el Banco Central siguen financiando al gobierno”, manifestó.

Venezuela y la petrolera estatal PDVSA han sido declaradas en default por retrasos con varios pagos de capital e intereses de deuda.

México y Chile evalúan dejar su rol en diálogo

La permanencia de México como observador del diálogo para superar la crisis política de Venezuela quedó en entredicho debido a “algunas decisiones que ha tomado el gobierno de Nicolás Maduro después de la última ronda de negociación”, aseveró el canciller mexicano Luis Videgaray.

El jefe de la diplomacia mexicana aseveró que su país “está participando de buena fe en un diálogo político que, por lo que hemos observado hasta la última participación que tuvimos, a finales de diciembre, es un diálogo serio entre las partes”.

“En principio está previsto que participemos nuevamente en la tercera ronda de negociación en República Dominicana, la semana que entra. Sin embargo, debo decir que hemos visto algunas decisiones del gobierno venezolano que no necesariamente son congruentes con lo que se ha venido hablando en la mesa”, abundó en una entrevista para el canal de televisión ADN 40.

Videgaray encomió la mediación “de buena fe, imparcial y generosa” del presidente dominicano, Danilo Medina, en este proceso.

Sin embargo, señaló que él y el canciller chileno, Heraldo Muñoz, le enviaron al mandatario anfitrión del diálogo una carta “expresándole nuestra preocupación por algunas decisiones que ha tomado el gobierno venezolano después de la última ronda de negociación y que pudieran poner en duda nuestra participación hacia adelante”.