*OPINIÓN* PALABRAS MÁS: No hay que desestimar las protestas

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Siempre lealtad al país.

Lealtad al gobierno cuando se lo merece.

Mark Twain

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Estimado lector, gracias. Llegamos al mes de junio y arranca lo que han llamado la “nueva normalidad”, un término usado por la 4T para nombrar que las cosas han cambiado por la pandemia del COVID-19, tendremos que habituarnos a un mundo diferente y en ese contexto se dieron protestas en contra de López Obrador, aunque estas no han tomado las dimensiones de un gran movimiento, no deberían desestimarlas, ni buscar más confrontación social, por el contrario, deberían mostrar oídos receptivos.

Las protestas representan un síntoma de quienes se sienten inconformes, defraudados, ahí también se inscriben los adversarios de López que buscan enturbiar el mandato del tabasqueño, es decir caben TODOS, los que lo hacen de buena fe y los que no. ¿Quién puede decir certeramente cuál es cuál?

Durante muchos años, los que hoy gobiernan tomaron las calles y se les calificaba como nacos, rijosos, borregos, chairos, con o sin razón ellos marchaban pidiendo la renuncia de Calderón y después de Peña. Y lo mismo escribí en aquellos tiempos, no hay que desestimar las marchas y protestas porque puede ser el inicio de algo grande y después no lo van a poder detener.

Así le pasó a Vicente Fox Quesada, con la manifestación en contra de la violencia y el secuestro, en esos entonces López Obrador era el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, ya daba muestras de su intolerancia nombrando que era hecha por los fifís, el repudio contra Fox se incrementó y a López le dio la etiqueta de intolerante.

Para el sexenio de Felipe Calderón, las protestas fueron el pan de todos los días. En su toma de protesta tuvo que hacerlo a hurtadillas, mientras en las calles las protestas auspiciadas por López Obrador. A Calderón lo siguieron luchadores sociales, madres que buscaban a sus hijos, le gritaban asesinos por haber desatado una guerra para justificar su presidencia. En las ceremonias del Grito de Independencia tenían que utilizar aplausos grabados que se lanzaba desde el sonido local para acallar las rechiflas en su contra. Nunca pudo realizar actos abiertos y con el pueblo, ni pasearse por la Alameda como si lo hacía Fox.

Para Peña Nieto la cosa se puso color de hormiga, violencia en las calles desde el primer día, vándalos haciendo destrozos y saqueos por los gasolinazos. Para la mitad de su sexenio las marchas y protestas por los desaparecidos de Ayotzinapa, las muertes de periodistas tampoco fueron atendidas. A los familiares de las víctimas no les quedó otra más que salir a las calles para gritar y pedir justicia, está no llegó. Peña Nieto fue un presidente confinado, repudiado, frívolo y desconectado de la realidad. Para cada uno de sus actos se tenía que hacer filtro y pedir público al Estado de México.

En este sexenio López Obrador llegó con una contundente victoria, nadie puso en duda su triunfo, no hubo protestas en las calles, fue una fiesta sus primeras apariciones. Pero nada es para siempre y cuando pasó la resaca de la victoria, se enfrentó con la realidad, no todos concuerdan con sus ideas, siempre hay adversarios como él lo fue y dinamitó en varios sentidos a Fox, a Calderón y a Peña, que no supieron medir lo que la gente les gritaba en las propuestas.

Por ello López Obrador no debe minimizar las propuestas, no importa que sean en autos lujosos o a pie, desestimarlas como lo hace es comportarse de manera similar a los anteriores. Las marchas no lo van a confinar en Palacio nacional, pero se trata de ser el presidente de todos y sus adversarios también son mexicanos.

Entre Palabras

Protestas en EU por racismo. En la Casa Blanca esta uno de los más provocadores racistas y debería estar preocupado por su reelección.

Escríbeme tus comentarios al correo electrónico suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Muchas gracias y hasta la próxima.

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