26 agosto, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

12,750 consultorios: ¿más atención o mejor atención?

Jahir Santiago Hernandez

El sistema de salud mexicano enfrenta desde hace años un problema evidente: la dificultad para acceder de manera oportuna a una consulta médica. Las largas filas, la saturación de las unidades y los tiempos de espera han convertido una atención que debería ser básica en un proceso que, para muchas personas, puede resultar complicado.

Por eso, el anuncio realizado el martes 25 de agosto durante la conferencia matutina del Gobierno Federal parece, a primera vista, una buena noticia. Se crearán 12,750 nuevos consultorios de atención primaria en los 24 estados donde opera el IMSS-Bienestar, con la meta de generar más de 40 millones de consultas adicionales al año. Los consultorios estarán distribuidos entre zonas rurales y urbanas y aprovecharán distintos espacios de infraestructura ya existente.

La pregunta, sin embargo, es inevitable: ¿más consultas significan necesariamente una mejor atención?

El proyecto parte de una necesidad real. Muchas personas acuden a consultorios privados o a los llamados consultorios de farmacia porque necesitan resolver padecimientos que, en principio, no requieren de una atención hospitalaria especializada. Una fiebre, una infección respiratoria, una diarrea o el seguimiento de enfermedades crónicas como la diabetes y la hipertensión pueden resolverse desde el primer nivel de atención, siempre que exista personal capacitado y los recursos necesarios.

En ese sentido, ampliar la cobertura puede ayudar a disminuir la presión sobre las unidades médicas de mayor complejidad. El problema aparece cuando confundimos cantidad con calidad.

El Gobierno Federal presenta cifras que muestran un incremento en la capacidad de atención. Sin embargo, atender más consultas no significa automáticamente atenderlas mejor. Una consulta médica no debería medirse únicamente por cuántas personas fueron recibidas durante el día, sino también por la capacidad para realizar una valoración adecuada, establecer un diagnóstico, indicar un tratamiento y, cuando sea necesario, referir oportunamente al paciente a un segundo o tercer nivel de atención.

La medicina tampoco puede reducirse a entregar un medicamento y continuar con el siguiente paciente. Aunque existen padecimientos que pueden resolverse de manera sencilla, otros requieren seguimiento, estudios complementarios o la intervención de diferentes profesionales de la salud. El verdadero reto será determinar hasta dónde podrán resolver estos nuevos consultorios y en qué momento deberán convertirse en una puerta de entrada efectiva hacia servicios de mayor complejidad.

Otro punto que merece atención es el abasto de medicamentos. El Gobierno Federal ha señalado que cada consultorio contará con disponibilidad de 90 tipos de medicamentos. Esto representa una ventaja importante para la población, pero también plantea una pregunta: si se pretende generar más de 40 millones de consultas adicionales al año, ¿existe una estrategia suficientemente sólida para garantizar el suministro constante de medicamentos?

No basta con tener un consultorio equipado si, al finalizar la consulta, el paciente recibe una receta que no puede surtir.

También está el problema de los horarios. Se ha anunciado atención de lunes a viernes de 8:00 a 20:00 horas y durante los fines de semana de 8:00 a 14:00 horas. La intención de ofrecer dos turnos es comprensible: permitir que las personas puedan acudir antes o después de su jornada laboral. Sin embargo, no todas las jornadas laborales se ajustan a esos horarios. Hay personas que trabajan durante todo el día, tienen empleos informales o necesitan trasladarse durante horas para llegar a una unidad médica.

Por ello, ampliar la cobertura no necesariamente significa hacerla accesible. El horario será un elemento que tendrá que evaluarse conforme avance el programa.

Otro aspecto relevante será la participación de las comunidades. La adecuación de los espacios estará vinculada con los Comités de Salud para el Bienestar, mediante un mecanismo similar al de La Clínica es Nuestra. La participación comunitaria puede ser una herramienta valiosa, pero debe estar acompañada de recursos, organización y supervisión suficientes para evitar que la responsabilidad de mantener funcionando estos espacios termine recayendo sobre comunidades que ya enfrentan carencias.

A pesar de estas dudas, sería injusto afirmar que el proyecto es negativo. Al contrario: acercar la atención médica a las comunidades y resolver padecimientos que no necesitan llegar a un hospital puede ayudar a descongestionar las unidades de primer y segundo nivel. También puede ser particularmente útil para el seguimiento de enfermedades crónicas, donde muchos pacientes necesitan controles periódicos más que una nueva evaluación diagnóstica.

El problema, entonces, no está en abrir 12,750 consultorios. El problema sería pensar que el número de consultorios, por sí mismo, representa una mejora del sistema de salud.

El éxito de esta estrategia tendrá que medirse de otra manera: por la calidad de las consultas, la disponibilidad de medicamentos, la capacidad del personal, los tiempos de espera, la correcta referencia de los pacientes y, sobre todo, por la percepción de quienes utilizan el servicio.

En enero de 2027 comenzará la operación de esta ampliación de la atención primaria. Para entonces, México no necesitará únicamente 12,750 nuevos consultorios. Necesitará que cada uno de ellos sea capaz de brindar una atención digna, oportuna y resolutiva.

Porque en materia de salud, atender a más personas es importante. Pero atenderlas mejor es indispensable.

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