Dormía y soñé que la vida era belleza; desperté y advertí que es deber. Immanuel Kant
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
En la mañanera del viernes pasado le preguntaron a la presidenta Claudia Sheinbaum dónde vería la final del Mundial. No dio una respuesta certera; eso sí, les deseó suerte a los finalistas. Horas después, durante una gira, confirmó que viajaría a Estados Unidos para atender la invitación de Donald Trump. Difícilmente podía rechazarla, pues la invitación también fue extendida al primer ministro de Canadá. Aunque pocos partidos se jugaron en México, el Mundial también fue una fiesta para nuestro país.
El entorno es muy importante para los mandatarios. A los de la 4T no les gusta que los critiquen ni que les griten, y mucho menos la presidenta se iba a exponer a una rechifla del público en el Estadio Azteca. Los pasivos de su gobierno son muchos y, por eso, prefirió no asistir. Aunque, fiel a su discurso, aseguró que se trataba de un espectáculo muy caro y por ello regaló su boleto, viajar a Estados Unidos resulta bastante más costoso. El asunto es que allá existían mejores condiciones para una aparición pública que frente a quienes, según dice, tanto la quieren.
Hay que reconocer que estuvo bien su presencia en Estados Unidos y que compartiera el palco con sus homólogos. Sin embargo, esa fotografía no borra el contexto de tensión y crisis que prevalece en la relación con el gobierno de Donald Trump. Detrás del protocolo, la agenda bilateral sigue marcada por las amenazas comerciales del republicano, la inseguridad, los cárteles y los constantes señalamientos contra políticos mexicanos, a quienes desde Palacio Nacional se defiende todos los días. Así se juega la diplomacia: en el mismo palco convivían mientras observaban la final entre argentinos y españoles.

A pesar de los halagos de ocasión, Trump no ha sido particularmente considerado con Claudia Sheinbaum. No son menores las acusaciones de que, en México, quienes realmente mandan son los cárteles de la droga, mientras desde Palacio Nacional se les minimiza o se les protege políticamente. Y no solo ha sido él. Integrantes de su administración han endurecido todavía más el discurso contra el gobierno de la 4T, construyendo una narrativa que vincula migración, fentanilo, crimen organizado y comercio.
Desde Washington se insiste en que los cárteles representan una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos por el tráfico de fentanilo. Bajo ese argumento también se justifican las crecientes intromisiones de agencias estadounidenses en territorio mexicano. Ahí están varios de los personajes señalados que decidieron entregarse a las autoridades de aquel país; prefirieron enfrentar la justicia allá antes que hacerlo aquí.
Ahí estuvieron para la foto, pero hace apenas unos días concluyó una compleja negociación comercial del T-MEC en la que Marcelo Ebrard no logró evitar que Estados Unidos impusiera nuevas condiciones. Ahora el acuerdo será revisado cada año. La industria automotriz, el acero, el aluminio, la agricultura, las reglas de origen y el comercio digital forman parte de una agenda en la que Trump busca imponer su visión, y, hasta ahora, lo está consiguiendo. Nadie puede pensar que la invitación a la final del Mundial fue un gesto aislado o un simple acto de buena voluntad de un personaje como él.
Para Trump, los símbolos son una herramienta de negociación. Hoy ofrece una fotografía en un estadio; mañana puede anunciar nuevos aranceles o volver a poner sobre la mesa la exigencia de acciones más agresivas contra los cárteles, así como una mayor cooperación judicial respecto de personajes de la clase política mexicana.
Por cierto, fue una buena oportunidad para que la presidenta Claudia Sheinbaum le dijera de frente que “a México se le respeta”. La diplomacia no se mide por las fotografías, sino por la capacidad de defender los intereses nacionales cuando el interlocutor hace de la presión una herramienta permanente de negociación. Y, en eso, todo indica que seguiremos igual: ni con estos ni con los otros nos han visto, ni nos han tratado, como verdaderos socios… Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.

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