PERIODISMO CON SENTIDO

¡Depresión uniformada!

El que algo sea cierto no significa que sea conveniente, ni en la vida ni en el arte. Truman Capote

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Hay historias que trascienden la nota roja y que, por su naturaleza, deberían llevarnos a reflexionar sobre temas que resultan cotidianos, como la depresión, ese enemigo silencioso que puede llevarnos a la muerte. Eso le sucedió a un oficial de León, Guanajuato, quien, luego de grabar un mensaje de despedida, se arrojó del puente vehicular Juan Pablo II y perdió la vida de manera instantánea.

Gracias a las redes sociales, el hecho se viralizó rápidamente. Antes de quitarse la vida dejó un mensaje de advertencia para todos. Habló de una depresión silenciosa que lo fue consumiendo hasta llevarlo a tomar la peor decisión: el suicidio. Antes de arrojarse al vacío pidió algo sencillo, pero al mismo tiempo profundo: que nadie permita que jueguen con sus emociones; que la salud mental sea siempre una prioridad; que las personas se quieran, se cuiden y valoren a sus familias.

Aquello es un tema profundo y serio que ha acompañado a las sociedades. Por ejemplo, después de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, la comunidad científica realizó diversos estudios psicológicos sobre los traumas sufridos por los soldados que regresaban del frente de batalla. Aquellas investigaciones dieron origen al concepto de “neurosis de guerra”, que con el paso de los años terminó por reconocerse como trastorno por estrés postraumático. Los especialistas demostraron que la exposición prolongada a la violencia, la muerte y el miedo extremo puede alterar el funcionamiento del cerebro, provocar ansiedad crónica, depresión, insomnio, ataques de pánico e, incluso, aumentar el riesgo de suicidio.

No se trata únicamente del drama de un elemento policiaco, como lo declararon algunos mandos. Se trata de una carga que enfrentan trabajadores de todos los sectores. Un psicólogo me comentaba que, en el caso de las corporaciones policiales, el problema se acentúa por la presión a la que son sometidos, la corrupción, los malos tratos, las novatadas, las largas jornadas laborales, la incertidumbre económica y los problemas del hogar, factores que generan un profundo desgaste emocional.

Durante décadas se construyó la falsa idea de que solo los débiles piden ayuda para enfrentar la depresión. Y no ocurre únicamente entre los policías; muchas personas aparentan fortaleza mientras libran una batalla interior que nadie alcanza a ver, hasta que ya es demasiado tarde. ¿Quién no ha atravesado por un episodio de depresión? ¿Por qué las corporaciones no le dan la importancia debida?

El problema no es individual; es un asunto de salud pública. Pero, si se quiere ver desde otra perspectiva, también afecta la productividad. La Organización Mundial de la Salud estima que la depresión y los trastornos de ansiedad provocan la pérdida de millones de días laborales cada año y representan enormes costos económicos.

La salud mental ya no puede ser un tema que únicamente se ponga sobre la mesa después de un suicidio. Debe convertirse en una política permanente de los centros de trabajo. No basta con colocar carteles motivacionales; tampoco con un “échale ganas” o contratar a un ponente para una charla inspiradora. Se necesitan protocolos reales de atención, acceso a especialistas, ambientes laborales saludables y, sobre todo, líderes capaces de entender que un trabajador emocionalmente sano también trabaja mejor y entrega mejores resultados.

El caso resulta paradójico. Los gobiernos exigen policías preparados para enfrentar la violencia, pero pocas veces garantizan atención psicológica permanente para quienes viven diariamente bajo una presión extrema. Más aún cuando la liga se tensa en un entorno de violencia que sigue golpeando a buena parte del país; esa misma violencia que, según el discurso oficial, va a la baja… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.

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