Nunca me acostumbraré a nada. Cualquiera que lo haga, mejor que esté muerto Desayuno en Tiffany’s
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Las benditas redes sociales, esas que antes bendecían y que ahora maldicen, se han convertido en un archivo histórico al alcance de la mano de cualquiera. Ahí circula un video de Andrés Manuel López Obrador donde se desgañitaba diciendo que “se van, pero dejan a sus hijos”, en franca referencia a los políticos que pretenden alargar su poderío dejando a algún familiar. Vaya que en nuestro país tenemos bastos ejemplos.
Con aquella frase no se puede estar en desacuerdo, más cuando el Pejelagarto decía una y otra vez que ellos no eran iguales a los otros y resultaron peores. También se les queda aquella otra de “el orgullo de mi nepotismo”, de José López Portillo. Y es que los hijos de López Obrador se han caracterizado por estar en el escándalo del influyentismo, los excesos, lujos y abusos. Su padre siempre predicó lo contrario y no hay forma de que no esté enterado.
Hace unos días, Andy López Beltrán, el que quiere ser diputado en 2027 allá en Tabasco y que anda en franca campaña desde hace meses, dio a conocer que le habían quitado su visa. Eso ha pasado con diferentes personajes de la política, pero, por ser Andy, tomó relevancia en un contexto donde a otros les ha sucedido lo mismo. Al menos 50 políticos han perdido la visa, bajo la sospecha de sus malas acciones y relaciones. Además, la oposición ha empujado el tema en redes sociales. Ahora que Luisa María Alcalde hace señalamientos y listas, pues el tal Andy se indignó y, como junior, hizo pataleta.
López Beltrán está muy lejos de ser su padre. No tiene carrera política; lo poco que ha hecho siempre ha sido a la sombra de otros, y sus carencias intelectuales se notan. Así que su carta a Trump terminó convertida en una especie de parodia, de burla, y así la tomaron. Por ejemplo, aquello de acusar un supuesto trasfondo político y calificar la medida de “politiquera y propagandística”. ¿Qué méritos tiene?

El problema no es que el tal Andy se defienda; está en su derecho, completamente. Puede escribir mil cartas. El verdadero problema es que piense que su tema personal puede entrar en la agenda bilateral. Por si pensábamos que no podía ser peor, buena parte de los morenistas le han comprado el tema y ya salieron a defenderlo, a hablar de injerencismo y de soberanía. Pero ya sabemos que les gusta el show.
De algo particular y que, además, sucede todos los días, como es la cancelación de visas por diversos motivos y que les pasa a muchos mexicanos porque es un derecho de EU, el tema llegó a la mañanera, donde no hubo sorpresa. La misma Claudia Sheinbaum lo respaldó, lo metió a la agenda, le hizo segunda, afirmando que sí se trataba de algo político. Me imagino que Trump debe estar preocupado por la carta y la respuesta de Sheinbaum. Seguro está pensando en despedir a sus colaboradores Marco Rubio y Christopher Landau, únicamente porque Andy así lo solicitó.
¿En qué momento un asunto personal de un militante partidista se convirtió en asunto de Estado? Porque López Beltrán no es el presidente de México; es Claudia Sheinbaum. No es secretario de Estado, no encabeza la política exterior y tampoco tiene representación diplomática para reclamarle directamente al mandatario estadounidense.
¡Aguas! Una cosa es defender la soberanía nacional y otra muy distinta convertir cualquier problema que toque a un integrante de la familia López Obrador en un asunto de soberanía nacional, de tensión, y que Sheinbaum y el país carguen con ello.
AMLO decía que los hijos no debían heredar el poder, por eso el tema no es cosa menor. ¿Qué tan grande es el poder de Andy que en Palacio le compran el berrinche? O ¿qué tan pequeño es el poder de las instituciones ante los apellidos López Obrador? Si al menos 50 políticos han perdido la visa estadounidense, ¿por qué el caso de Andy tendría que convertirse en un asunto de Estado? ¿Será por la visa o por el apellido? ¿Quién conduce la política exterior de México?… Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.

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