Ciudad de México. La frase sonó a logro, pero el dato recordó que todavía hay tarea pendiente: México registra, según el gobierno federal, el nivel más bajo de inseguridad alimentaria desde que existen mediciones; sin embargo, 21.6 millones de personas aún enfrentan dificultades para acceder a una alimentación suficiente.
Durante su conferencia matutina, la presidenta Claudia Sheinbaum destacó cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y aseguró que la reducción responde, entre otros factores, al aumento del salario mínimo y a los programas sociales impulsados en los últimos años.
Pero detrás del indicador hay una realidad que no desaparece con una gráfica: millones de mexicanos todavía tienen problemas para llenar la despensa.
Para atender esa brecha, el gobierno federal anunció el fortalecimiento del programa “El Maíz es la Raíz”, enfocado en pequeños productores del campo, principalmente del sur y sureste del país. La meta es pasar de 350 mil beneficiarios este año a un millón de productores en 2027.
El plan contempla apoyos para maquinaria, equipos comunitarios y prácticas agrícolas que permitan a las familias producir parte de sus propios alimentos y comercializar excedentes.
La apuesta es regresar a la milpa como una herramienta de autosuficiencia alimentaria. La paradoja es que, mientras el gobierno celebra el descenso histórico del indicador, el reto sigue siendo que esos millones de mexicanos que todavía aparecen en la estadística puedan notar la diferencia en algo tan cotidiano como abrir el refrigerador.
Porque en política los números pueden mejorar… pero el hambre no se combate con porcentajes, sino con platos llenos.

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