PERIODISMO CON SENTIDO

¿Y si sí?

Todas las dictaduras, de derechas y de izquierdas, practican la censura y usan el chantaje, la intimidación o el soborno para controlar el flujo de información. Mario Vargas Llosa

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

En los tiempos que vivimos, la posibilidad de la censura resulta un asunto fundamental. Sin lugar a dudas, las charlas en las cafeterías entre quienes gustan de la vida pública giran en torno a los lineamientos para los derechos de las audiencias, un tema que ya he abordado en este espacio y que sigue dominando la conversación. Aunque también es una cortina de humo para otros casos que desde Palacio Nacional quisieran que se olvidaran en la opinión pública.

Hoy quiero hablarle de tres momentos que viví la semana pasada y que están relacionados con las libertades, sobre todo con la de expresión y la de manifestación, sustentadas en los artículos sexto y séptimo de la Constitución. No cabe duda de que la tentación de cooptar las libertades siempre está presente en cualquier régimen, sin importar de qué color sea. En nuestro país, la libertad de expresión ha costado sangre; no fue un regalo de quienes hoy gobiernan. Al contrario, en algunos casos fueron aliados de esas causas cuando estaban en la oposición. Pero esos son los giros de la política y la fragilidad de muchas convicciones.

MEXICO CITY, MEXICO – JUNE 24: President of Mexico, Claudia Sheinbaum speaks during the daily morning briefing at Palacio Nacional on June 24, 2026 in Mexico City, Mexico. (Photo by Karla Guerrero/ObturadorMX/Getty Images)

Primero, durante una comida con amigos surgieron discrepancias, y así es el periodismo. No tenemos por qué estar de acuerdo con lo que otros escriben o piensan. El asunto es regresar a lo fundamental de los cánones periodísticos: dudar, y sobre todo, dudar de las propuestas gubernamentales; es decir, cuestionar al poder y no entregarse desde las tripas partidistas. Nada garantiza que esta vez sea diferente. Nadie puede asegurar, en este momento, que los lineamientos para los derechos de las audiencias no terminarán derivando en un mecanismo de censura. Eso no lo puede garantizar ni siquiera la presidenta, aunque insista en que no se trata de eso. ¿Y si sí?

Después realicé una entrevista con Abigail Castellanos García, de Artículo 19, una de las organizaciones que ha acompañado a los periodistas en el tortuoso camino de las agresiones y que ha documentado el asesinato de 178 comunicadores desde el año 2000. También ha advertido sobre la estigmatización impulsada por el Pejelagarto desde sus conferencias mañaneras, donde incluso llegó a exhibir información personal de algunos colegas, poniéndolos en riesgo.

La investigadora del programa de Ecosistema Informativo y Tecnología de la organización me explicó que los nuevos lineamientos para proteger los derechos de las audiencias relegan la autonomía de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones y abren la puerta para que el Ejecutivo influya en los contenidos de los medios. Si el gobierno puede determinar qué información es “falsa” o “errónea”, el riesgo para la libertad de expresión resulta evidente.

Castellanos también puso sobre la mesa otro punto preocupante: la autocensura. Ante la posibilidad de recibir multas, muchos medios podrían optar por no publicar opiniones o investigaciones incómodas para el poder. El problema deja entonces de ser administrativo para convertirse en un asunto democrático: cuando un periodista piensa dos veces antes de informar por temor a una sanción, la libertad de expresión comienza a debilitarse.

El tercer momento al que quiero referirme fue la presentación del libro Soy Periodista. La verdad no necesita permiso, donde 23 colegas plasmaron sus reflexiones y experiencias acumuladas a lo largo de años de reporterismo. En aquella reunión, realizada en la colonia Anzures, los oradores, entre ellos Luis Cárdenas, Enrique Lazcano y Javier López, coincidieron en la necesidad de mantenerse alertas. Recordaron que la democracia necesita libertades y que deben ser las audiencias quienes decidan, porque no son menores de edad.

La libertad de expresión no se pierde de un día para otro; se va erosionando cuando el poder pretende decidir qué es verdad, qué se puede decir y quién puede decirlo. Por eso, la defensa de las libertades no admite colores partidistas: hoy puede beneficiar a unos, mañana perjudicar a otros. No hay buenas intenciones que justifiquen limitar un derecho fundamental… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.

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