24 agosto, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

Pachuca: una película de policías, perros y… nada

Hidalgo sabe de películas. Sus pueblos mágicos han sido escenario de cintas de distintos géneros y hasta Pachuca ha prestado calles y edificios para telenovelas.

Pero el pasado domingo 9 de agosto, la capital hidalguense tuvo su propia producción. No hubo cámaras ni director, pero sí patrullas, policías, perros, una grúa y un Dodge Charger como protagonista. Y, por supuesto, ciudadanos atrapados en el tráfico.

Eran aproximadamente las 16:30 horas cuando la calle Matamoros comenzó a avanzar a vuelta de rueda. A la altura de las oficinas de la CFE, al menos cinco patrullas de la Policía Municipal rodeaban un automóvil deportivo blanco, aparentemente un Dodge Charger, que habría llamado la atención de los uniformados por presuntamente circular sin placas.

 Hasta ahí, una revisión vehicular. Lo que vino después fue otra historia.

Binomios caninos, varios elementos y un despliegue que terminó convirtiendo una tarde dominical en un pequeño caos vial. Familias, turistas y automovilistas observaban sin entender qué ocurría.

Y entonces apareció el jefe de Tránsito y Vialidad de Pachuca, Óscar Sánchez López, “El Lobo”.

No descendió de su vehículo negro, aparentemente blindado, en el que permaneció acompañado por su chofer debidamente uniformado. La unidad, según se observó, no portaba insignias oficiales visibles y estaba estacionada en doble fila.

Mientras tanto, un civil que aparentemente formaba parte de su equipo de seguridad permanecía en el exterior con arma y radio visibles.

La escena tenía de todo. Patrullas, perros, policías, un Charger rodeado de uniformados y un jefe policiaco observando desde su vehículo. Sólo faltaba aquello que sí tienen las películas: un director que gritara “¡acción!”.

Pero hubo una escena que dejó de ser anecdótica. Los policías hicieron descender del automóvil al acompañante del conductor: un niño de apenas cinco años, convertido en espectador involuntario de aquel despliegue.

El tiempo pasó. El conductor explicaba las circunstancias del vehículo. Los perros hicieron su trabajo.

¿El resultado?

Nada.

No se detectaron drogas ni armas.

Pero el operativo siguió. La circulación continuó prácticamente a vuelta de rueda durante un periodo cercano a dos horas, hasta que apareció una portentosa grúa y el Charger terminó sobre la plataforma.

Fin de la película.

Aunque faltaba el desenlace…

Porque después de semejante despliegue, las autoridades municipales hicieron mutis.

No hubo explicación pública sobre el motivo concreto del operativo, su fundamento, la razón del aseguramiento ni por qué fue necesario semejante despliegue en pleno Centro de Pachuca. Nada.

Y aquí la historia deja de ser policiaca para convertirse en política.

Porque Óscar Sánchez López no trabaja solo. Forma parte de una estructura encabezada por el alcalde Jorge Alberto Reyes Hernández. Y cuando un funcionario municipal protagoniza un operativo de esta magnitud, afecta la circulación durante horas y después nadie explica qué ocurrió, la responsabilidad política ya no termina en el jefe de Tránsito.

Si todo estuvo justificado, habría que explicarlo. Si hubo exceso, habría que corregirlo. Lo que no parece razonable es que el Ayuntamiento simplemente guarde silencio.

Más aún porque alrededor de “El Lobo” circulan desde hace tiempo versiones sobre sus presuntas relaciones e influencias políticas.

Entre los nombres que aparecen está el de la diputada local Tania Meza Escorza, con quien habría tenido cercanía desde la etapa del Concejo Municipal. Son versiones no acreditadas públicamente y así deben entenderse.

Lo que sí es visible es que Sánchez López permanece. Cambian funcionarios, cambian estructuras y él continúa.

Y ahí aparece nuevamente el alcalde Jorge Alberto Reyes.

Porque gobernar también significa hacerse responsable políticamente de los funcionarios que se mantienen en los cargos y de las actuaciones que ocurren bajo su administración.

Pachuca necesita seguridad, no hay duda. Si un automóvil infringe la ley, debe ser revisado. Pero una cosa es aplicar la ley y otra convertir una revisión en un espectáculo que paraliza una calle, involucra a un menor, moviliza patrullas, perros y una grúa y termina, al menos públicamente, sin drogas, sin armas y sin una sola explicación oficial.

Hidalgo seguirá siendo tierra de películas. Pero Pachuca no debería convertirse en el set de una película policiaca improvisada, mucho menos cuando los ciudadanos terminan pagando el costo del espectáculo.

En el epílogo del filme, nadie quiso explicar el guion.

REVISTA NACIONAL IMPAR
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