La soledad es el precio que debemos pagar por la libertad… Alexander Pushkin
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Una de las promesas de la 4T, primero con López Obrador y luego con Claudia Sheinbaum, fue que las libertades no se tocarían; por el contrario, se buscaría ampliarlas. “Prohibido prohibir”, gritan ante cada provocación. Sin embargo, la realidad es otra y se les estrella en la cara. La tentación de la censura y la represión está presente en los regímenes populistas; basta mirar hacia abajo del mapa para ver qué sucedió con los medios de comunicación y la prensa en países que tanto admiran los integrantes de la 4T.
La libertad de informar y de ser informados está consagrada en la Constitución, y ha costado mucho construirla. Incluso varios de los que hoy forman parte del gobierno y muestran intolerancia, no hace mucho se decían víctimas de un cerco informativo. Eso resultó ser un cuento del Pejelagarto, sólo parte de su estrategia política para victimizarse y venderse como caudillo ante el electorado. Ya en el poder mostró cómo es: la libertad de expresión no se expandió y la libertad de prensa se encogió. Tanto es así que nunca hubo más agresiones contra periodistas: 47 muertos con AMLO y 10 con Sheinbaum.
La semana pasada le daba cuenta del caso de la Ley Serrano, en San Luis Potosí. Por ese caso, tres personas pisaron la cárcel y a otras siete se les giró orden de aprehensión. También está el caso de la periodista veracruzana Roxana Berenice Guzmán, quien fue sacada de su domicilio; hasta este día no se sabe nada de su paradero. Por si fuera poco, está el caso de Luis Ángel López Valdez, periodista especializado en nota roja y colaborador del periódico Vanguardia de Veracruz, quien fue asesinado. Así la violencia en el país más peligroso para ejercer el periodismo en este continente y uno de los peores del mundo.

El periodismo debe ser incómodo para el poder y no convertirse en un grupo de porristas, como le gusta al régimen. Todos los días se da cuenta de ello en la conferencia de prensa de Claudia Sheinbaum Pardo. De inmediato se distingue quién es porrista, quién es propagandista y quién hasta dinero va a pedir sin recato. Los reporteros, con sus preguntas y habilidad, meten en problemas a la mandataria, y vaya que hay temas para hacerlo.
Aunque se respete el protocolo que debe existir para mantener el orden, cuando las preguntas no les gustan o los incomodan, suspenden a los reporteros. Y nadie nos lo cuenta; no son suposiciones: a nuestra reportera que cubre Presidencia la han suspendido varias veces. Claro que en las redes sociales las hordas rabiosas hacen su trabajo. Inclusive la periodista Reyna Haydee Ramírez se lo ha dicho a Sheinbaum, y ellos sólo atinan a responder que hay libertad.
Como si esa fuera la política emanada del manual del Pejelagarto o de Ramírez Cuevas. Qué difícil es acreditarse en fuentes como la Cámara de Diputados y el Senado de la República. Eso sí, se llenan la boca diciendo que se trata de la casa del pueblo. Como cadeneros, se reservan el derecho de admisión. Nadie puede estar en contra del orden o de que el medio y el periodista se acrediten correctamente, pero para los youtuberos del régimen hay todas las facilidades; para los demás, todas las trabas posibles. Así actúan las mesas directivas y, sobre todo, los jefes de prensa que, por conservar el cargo, no se atreven a comentar a sus superiores que eso no está bien.
También sucede en el Congreso de la Ciudad de México. Hay inconformidad entre los colegas que cubren la fuente. Existe un exceso de trámites para acreditar a reporteros y medios de comunicación, llegando a pedir el acta constitutiva de la empresa y hasta testigos para avalar la trayectoria de los periodistas. Dicho sea de paso, cualquiera tiene más trayectoria que el junior titular.
Así se las gasta Armando Rocha Gutiérrez, titular del Canal de Televisión del Congreso de la Ciudad de México y quien lleva la directriz de Comunicación Social. Obviamente no se manda solo y tiene que rendir cuentas. Por cierto, dicen los compañeros que pocas veces se le ve en su lugar.
El problema comienza cuando desde el poder se busca decidir quién puede preguntar, quién puede informar y quién merece ser escuchado. La libertad de prensa no se pierde de golpe; se erosiona poco a poco entre trámites, descalificaciones, amenazas y silencios… pero mejor ahí la dejamos.
Entre Palabras
Rechifla a la jefa de Gobierno en su desfile. ¿Se imagina si hubiera ido a la inauguración del mundial?
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