Movimiento Ciudadano fue tajante: la nueva Ley General de Aguas es una receta para el desastre, diseñada —dicen— más para controlar que para resolver la crisis hídrica.
La bancada naranja acusó que la ley presume “devolverle el agua al pueblo”, mientras en realidad amontona poder en Conagua, vuelve discrecional lo que debería ser técnico y deja al campo a merced del humor político del día. Y para rematar, le dan más atribuciones al organismo… pero con el mismo presupuesto.
Más control, menos capacidad. ¿Qué podría salir mal?
MC también señaló que la reforma fue escrita sin escuchar a quienes sí viven del agua: productores, campesinos, comunidades indígenas. Según ellos, el gobierno decidió legislar “desde la comodidad del escritorio” y luego sorprenderse cuando medio país protesta.
La bancada cuestionó que el gobierno esté empeñado en pelear contra los pequeños productores mientras 12 millones de mexicanos siguen sin agua potable y miles de escuelas ni siquiera tienen acceso al líquido.
En resumen, MC acusó que la ley es centralista, ciega y peligrosa: promete soluciones, entrega burocracia y deja al campo en un terreno más árido que antes.

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