La prometida reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales volvió a desfilar por el Senado, aunque con una propuesta que, según las críticas, haría que el descanso siga siendo más aspiracional que real. El proyecto en discusión mantiene el esquema de seis días de trabajo por uno de descanso y, para compensar, plantea ampliar el margen de horas extraordinarias.
Al fijar postura, el Grupo Parlamentario del PAN advirtió que “una reducción sin reglas claras puede convertirse en una simulación”, al señalar que el dictamen permitiría trabajar menos… siempre y cuando se trabajen más horas extra.
El debate también puso sobre la mesa la ausencia de lineamientos claros para la implementación de la reforma y el riesgo de trasladar el costo del ajuste a las micro, pequeñas y medianas empresas, sin apoyos ni transición definida.
Mientras tanto, México continúa figurando entre los países con más horas trabajadas al año dentro de la OCDE, superando las 2,100 horas, muy lejos de las jornadas de 34 a 36 horas semanales que ya operan en otras economías. La discusión en comisiones definirá si la reforma reduce el tiempo en la oficina o solo redefine la manera de contar las horas.

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