Nada es tan común como creer que los demás tienen parte de culpa de nuestros fracasos. Truman Capote
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Aquí se lo he dicho: la herencia maldita que dejó Andrés Manuel López Obrador abrió muchos frentes para la presidenta Claudia Sheinbaum. Como ejemplo tenemos el desabasto de medicamentos, la baja calidad en el servicio público de salud, los contagios por sarampión y otros temas que no son menores, porque al final todos se traducen en vidas.
Pero, sin lugar a dudas, lo relacionado con la violencia generada por el crimen organizado se cuece aparte: los desaparecidos, la extorsión, el secuestro, el cobro de piso, las ejecuciones, los territorios perdidos y en disputa por las bandas forman parte de ese infierno que comenzó en el sexenio de Felipe Calderón y que fue afinado con la política de brazos caídos de López Obrador, su amnistía narca, el apapacho al crimen. No se puede entender su crecimiento sin la omisión y la corrupción, esa que dijeron que ya no existía.
Dice la presidenta Claudia Sheinbaum en una de sus mañaneras, cuando ya le incomodan las preguntas de los reporteros —los de a de veras—, que por qué no se habla de Calderón y de Genaro García Luna; García Luna y, de nuevo, García Luna. Un personaje sentenciado en Estados Unidos, no aquí. Que conste: no es un tema menor, pero sí es parte del pasado. El presente nos habla de la gran corrupción del sexenio anterior, de escándalos que no han podido aclarar, como “La Barredora”, el “huachicol fiscal”, las propiedades, los contratos en las obras emblema y el tráfico de influencias de los cercanos al expresidente. Para eso hay que presentar denuncias.

Es un hecho —y aunque les duela— que el saldo del sexenio pasado es negativo y está bajo la observación de la Casa Blanca. Eso se le convirtió en crisis a Claudia Sheinbaum ante la actitud beligerante de Donald Trump, quien una y otra vez mete presión, mientras en Palacio Nacional lo niegan las mismas veces. Los hechos van por un lado y la narrativa por otro; los primeros desarticulan a la segunda.
El golpe de timón en el tema de seguridad y combate al narcotráfico era necesario; no les quedaba de otra. Ahí quedan para el recuerdo la captura en 2019 de Ovidio Guzmán López y su liberación por orden de López Obrador. También la decisión del “Ganso” de no ejercer acción penal a favor del general Salvador Cienfuegos, como lo relató Julio Scherer Ibarra en su libro. Esa era la visión de justicia del impoluto tabasqueño, y así se nos fueron seis años… hasta que se les apareció el republicano.
Ahora parece que va en serio la lucha contra los cárteles de la droga. La política ha cambiado, de nuevo por la presión de Estados Unidos. Ahí están los más de 90 presos enviados a cárceles de aquel país, la militarización de la frontera y la declaratoria para clasificarlos como terroristas. Por si fuera poco, la colaboración de agencias estadounidenses en la operación que llevó al abatimiento de Nemesio Oseguera Cervantes, “El Mencho”.
El país ya vivió capítulos similares con Joaquín Guzmán Loera y con Ismael Zambada García. Detenciones espectaculares, anuncios triunfalistas, fotografías que dieron la vuelta al mundo. Y, sin embargo, la violencia no desapareció. Cambió de manos, se fragmentó, se volvió más impredecible.
El golpe más importante al crimen organizado debe concretarse porque la caída de un capo no es la caída del sistema que lo hizo posible. Si de verdad comenzó una nueva etapa, tendrá que medirse en calles seguras, en comercios que no paguen piso, en madres que no busquen a sus hijos en fosas clandestinas, en cero impunidad y corrupción. Se corre el riesgo como en el pasado, ese que tanto les gusta usar como excusa de que solo se convierta en propaganda… pero mejor ahí la dejamos.
Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.
Hasta la próxima.

Más historias
De Zootopia a Call of Duty, un fin de semana poco convencional en México
El silencio también hace ruido; la confirmación internacional llegó antes que el mensaje claro a la nación
Sale Marx Arriaga del sistema educativo; ¿También saldrá la Nueva Escuela Mexicana?