Me divierte hablar en televisión de las cosas sobre las que no me gusta escribir. Truman Capote.
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Cuidar el medio ambiente ya no es una cuestión romántica, mucho menos una moda para tomarse la foto; se trata de una exigencia de supervivencia y debe estar plasmada en los proyectos políticos. Debe ser prioritario en las agendas de los gobiernos, pero los gobiernos populistas como los de la 4T han demostrado que esos temas no son prioritarios, son de segundo nivel y, además, han descalificado las luchas de los activistas.
Ahí quedan las obras emblema de Andrés Manuel López Obrador y el desastre que han causado; por cierto, ninguna opera al cien por ciento. Entre ellas, la devastación de la selva maya: la deforestación que prometieron no harían, el desplazamiento de especies, la inyección de concreto y la corrosión de pilotes que contaminan los mantos freáticos de la zona. Pero de eso ya no hablan. También está la refinería de Dos Bocas; especialistas estiman que emite 2.16 millones de toneladas de CO₂ al año, equivalente a la contaminación de más de 855 mil vehículos.

Luego de la cancelación del NAIM en Texcoco, el Pejelagarto prometió la recuperación de 14 mil hectáreas en un parque, pero, como en otras cosas, simplemente no cumplió. Ahí está la obra inconclusa, sin fecha para una inauguración plena, a pesar de que se han invertido miles de millones de pesos y se presume que apenas alrededor del 80 % de las obras está terminado. Los expertos dicen que falta mucho más y que ahora, en este gobierno, tampoco es prioridad.
López siempre destiló su ignorancia sobre esos temas y además que realmente no le importaban. No es menor recordar que llegó a cuestionar el término “medio ambiente”. Dijo que no le gustaba porque no entendía dónde estaba “la otra mitad del medio”. Ironía del tabasqueño sí, pero ignorancia también.
Desde hace unos días, un derrame de petróleo ha contaminado alrededor de 170 kilómetros de litoral entre Veracruz y Tabasco. Ahí están las imágenes que circulan en redes sociales y la documentación de ambientalistas sobre fauna marina afectada y cubierta de chapopote: tortugas marinas muertas, un manatí y un delfín, así como miles de peces. Según los expertos, otras especies que se encuentran en riesgo son el cangrejo azul, el cangrejo peludo y aves como el pelícano, las garzas, aguilillas, pato buzo, halcón y martín pescador.
Todavía no se puede evaluar la gravedad total de la contaminación, pero además esto afecta por lo menos 16 puntos de pesca en plena temporada de Cuaresma y, por ende, la economía de cientos de familias dedicadas a esa actividad. Lo más grave es que, hasta el momento, nadie ha asumido la responsabilidad y tampoco se ha hablado de los apoyos que recibirán los afectados ni de cómo ayudarán a quienes hoy no pueden realizar su trabajo.
La respuesta de la presidenta fue que el derrame estaría relacionado con un deslave provocado por las lluvias que habría dañado infraestructura de Petróleos Mexicanos, la empresa responsable. Según la explicación oficial, ya se realizan trabajos de contención, limpieza e investigación para determinar con precisión el origen; sin embargo, mientras se afinan los diagnósticos técnicos desde los escritorios, en las playas y lagunas del Golfo la realidad que cuentan los lugareños es otra.
Los daños ambientales quedan ahí, visibles en la tierra devastada, en el mar contaminado y en las comunidades que pierden su sustento. Si de verdad se quiere hablar de transformación, tendría que empezar por asumir esas responsabilidades y reparar el daño, no por minimizarlo o buscar pretextos. También queda el compromiso moral de la científica que si entiende de esos temas… pero mejor ahí la dejamos.
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