La filosofía es una lucha contra el embrujamiento de nuestra inteligencia mediante el uso del lenguaje Ludwig Wittgenstein.
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
¿El mensaje de la titular de Segob en la plenaria de Morena llevaba destinatario? “La confianza del pueblo es sagrada y nuestra lealtad al proyecto debe ser absoluta, no tenemos derecho a fallar”, expresó. Menos de 24 horas después, Adán Augusto López fue destituido.
En política hay crisis y escándalos que, sí o sí, terminan pasando factura. De esos que no se pueden barrer ni esconder debajo del tapete. Eso es lo que le ha ocurrido a Morena, en un entorno que no solo tiene que ver con lo doméstico, sino con un contexto de tensión duro y complicado por la relación que se vive con Estados Unidos y su presidente, Donald Trump. Todo suma, y lo de Adán Augusto López ya era insostenible.
Adán Augusto López es un personaje del primer círculo de López Obrador; se decía que era como su hermano y hasta fue el promocional de su campaña para ser candidato: “Adán Augusto López, el más cercano a AMLO”, aparecía en una fotografía de medio cuerpo y de perfil. La historia es conocida: fue el Pejelagarto quien lo encumbró políticamente en su tierra. El notario fiel fue gobernador de 2019 a 2021, cuando se convirtió en secretario de Gobernación. López Obrador se lo llevó para que fuera un negociador implacable, un interlocutor frente a las reformas que se avecinaban; le sacó todas sin mover una coma.

Durante la campaña para designar al candidato de Morena a la Presidencia, Adán tomó fuerza. Se convirtió en la corcholata emergente ante la posibilidad de no colocar a Claudia Sheinbaum. Eso hizo que su capital político creciera y, como pago, obtuvo un escaño en el Senado de la República y la coordinación de la bancada guinda. Tampoco es un secreto que él y Sheinbaum no se caracterizan por una amistad entrañable. Ahí quedan algunos episodios: su voluntad en cambios a iniciativas y hasta la imposición de Rosario Piedra Ibarra al frente de la CNDH, cuando ella no era la candidata de Palacio Nacional.
Desde hace ocho meses, la sombra de la corrupción cayó sobre Adán Augusto López. Este, lejos de aclarar, se fue metiendo cada vez más en embrollos que, evidentemente, no le gustaron a Sheinbaum Pardo. Primero fueron señalamientos y notas periodísticas; luego, versiones cruzadas, rumores cada vez más documentados y el ruido que rodea al grupo conocido como “La Barredora”, que dejaron de ser un asunto menor para convertirse en un lastre político que en Palacio no estaban dispuestos a cargar. Adán Augusto se convirtió también en una herencia del lopezobradorismo, de esas que lastiman y generan costos internos en un movimiento que presume disciplina, pero que no es ajeno a las fracturas. Si no, que le pregunten a Luisa María Alcalde y a los voceros: cada vez era más difícil defenderlo.
Los últimos meses fueron complicados para el otro tabasqueño. Además del escándalo por sus malas compañías, por aquello de “La Barredora” y Hernán Bermúdez Requena, personaje cercano al otrora senador, no explicó de manera convincente su gran fortuna ni su relación con empresas fantasma, relojes y lujos, el manejo indiscriminado del presupuesto, la compra de libros de López Obrador por varios millones que nunca se pudieron precisar. También endureció las políticas para que la prensa que cubre el Senado encontrara cada vez más obstáculos.
La renuncia de Adán Augusto a la Junta de Coordinación Política no fue un acto de generosidad ni un gesto republicano. Fue una decisión forzada por el peso de las circunstancias. Cuando un liderazgo estorba más de lo que suma, en Morena se activa el protocolo: sacrificio controlado para evitar daños mayores.
La renuncia no fue una gran sorpresa; ya se hablaba de ello en los pasillos desde el mes de diciembre. Ahora veremos si se queda o le dan una salida al estilo de Alejandro Gertz Manero: una embajada para seguirlo protegiendo… pero mejor ahí la dejamos.
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