El Senado volvió a descubrir Tezcotzingo. Entre foros, discursos solemnes y referencias al genio de Nezahualcóyotl, legisladores y funcionarios prometieron —una vez más— rescatar el cerro y convertirlo en emblema nacional de conservación, educación y sustentabilidad. La novedad, como casi siempre, no fue el diagnóstico, sino la reiteración.
Desde la Mesa Directiva se habló de identidad, crisis ambiental y visión de futuro; desde otras tribunas se invocaron la Agenda 2030, la cosmovisión ancestral y hasta la poesía del tlatoani. Hubo embajadas, organismos internacionales y funcionarios de todos los niveles. Faltó, eso sí, lo que nunca llega puntual: el presupuesto.
Especialistas recordaron que los cerros sagrados no se rescatan con retórica ni se restauran con homenajes, sino con proyectos técnicos, calendarios claros y recursos suficientes. Un detalle menor en un acto donde abundaron las promesas y escasearon las cifras.
Por ahora, Tezcotzingo sigue intacto en los discursos y pendiente en la realidad. El cerro, acostumbrado a sobrevivir siglos, sabrá esperar otro anuncio oficial.

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