Los primeros dolores de cabeza que causará la IA no vendrán de la mano de robots armados persiguiéndonos para aniquilarnos sino de agentes que gradualmente buscarán sustituirnos en el mercado laboral
Por: José Luis Guevara

En la última línea de diálogo de la pelicula The Terminator de 1984 la protagonista Sarah Connor le pregunta al encargado de una gasolinería —de Pemex— sobre qué ha dicho en español un niño, lo que el despachador le traduce como “Dijo que se avecina una tormenta”, a lo que ella responde, reflexiva, “Lo sé”, lo que simboliza la certeza que el personaje tiene de la catástrofe que el futuro depara a la humanidad.
En la taquillera cinta ochentera, el apocalipsis llegó en la forma de una inteligencia artificial militar que, habiendo cobrado conciencia, decide terminar con los humanos iniciando una guerra nuclear. Afortunadamente para los homos sapiens, la Skynet se encontró en su camino con John, hijo futuro de Sarah, quien organiza la defensa para intentar salvarnos de la extinción.
Casi 42 años después de estrenada la cinta dirigida por James Cameron, voces provenientes de diversos sectores concuerdan que los primeros dolores de cabeza que causará la inteligencia artificial a la humanidad no vendrán de la mano de robots armados y mal encarados persiguiéndonos para intentar aniquilarnos –esa función ya la realizan con dolorosa eficacia varios miembros de la especie humana–, sino de “agentes” comercializados por grandes corporaciones que gradualmente buscarán sustituirnos en el mercado laboral. Aunque es de agradecerse que se evite la eliminación por la vía atómica como en el filme, no es poca cosa que la misma se ejecute mediante el exterminio de millones de puestos de trabajo.
En su artículo “Algo grande está sucediendo”, el famoso empresario y programador Matt Shumer sostiene que la más reciente version de OpenAI, la GPT-5.3-Codex, liberada apenas el 5 de febrero, tiene la capacidad para pasar de ser “una herramienta útil” a “hacer mi trabajo mejor que yo”, lo que hace prever que en muy poco tiempo la inteligencia artificial va a generar un efecto dominó en sectores como el derecho, las finanzas, la medicina, la contabilidad, la consultoría, la escritura, el diseño, el análisis, el servicio al cliente y muchos más. Shumer explica que esto ya sucedió justamente en su sector, el de los programadores informáticos, que están perdiendo sus trabajos frente a la IA que ellos mismos entrenaron para que escribiera el código por el que antes a ellos les pagaban un sueldo.
Según The Wall Street Journal, Nvidia, la empresa más valiosa del mundo da empleo a apenas 36 mil personas. En 1985, la que era la corporación mas valiosa del planeta ocupaba a 400 mil trabajadores, diez veces más. Sumados los empleados de las tres empresas actualmente más valiosas –Nvidia, Apple y Google– apenas se acercan a esa cifra.
Si bien todo el mercado laboral está en riesgo, causan una importante preocupación nuestros jóvenes, debido al hecho de que estimaciones serias que cita el propio Shumer consideran que el 50% de los trabajos de “entrada” que se ofrecen a universitarios recién egresados podrían desaparecer en los próximos cinco años. ¿Qué será de las nuevas generaciones si el mercado laboral sufre una transformación tan profunda a una velocidad tan rápida como el tiempo que dura una carrera en la universidad?
Igual de complicada es la situación para la mayoría de las grandes empresas que no han encontrado otro camino que el de invertir monumentales sumas de dinero para no quedar fuera del juego. Si bien es fundamental profundizar sobre el inmenso impacto de la IA en la desigualdad del ingreso —cada vez mayor en casi todo el mundo—, por el momento el gran debate se centra en torno a las dudas que aún existen entre accionistas y financieros sobre la verdadera rentabilidad que tendrán inversiones que ya sobrepasan a cualquier otra inversión realizada en la historia.
Siendo incuestionable que las empresas cada vez necesitarán menos personas para producir y ser rentables, seguramente habrá muchas cuya cultura de responsabilidad social las lleve a decidir mantener la mayoría de los puestos de trabajo “humanos” que generan. La cuestión es que ante tal cambio tecnológico será difícil que puedan mantenerlos durante mucho tiempo a menos que cuenten con los incentivos correctos para hacerlo, los cuales definitivamente no provendrán de la “mano invisible” del mercado sino de un cambio de paradigma personal y empresarial y, sobre todo, de una adecuada regulación.
Nuestra gran oportunidad se encuentra en regular bien, a tiempo y con escala, lejos de los extremos. Es tan ingenuo pensar que por primera vez en la historia la mayoría de las grandes corporaciones se auto regularán solo por su vocación humanista, como lo es pensar que una legislación corta de miras o sujeta a cuestiones políticas o ideológicas puede ser útil para orientar, limitar y aprovechar algo tan poderoso como la inteligencia artificial y los cientos de miles de millones de dólares que la respaldan.
La ética y los valores deben conducir el proceso, pero éste debe traducirse en una regulación integral, global y vinculante en la materia, no solo en un catálogo de buenos deseos o buenas prácticas. Suena difícil lograrlo y sin duda lo es, pero aún así se aprecia más fácil de conseguir que la nula posibilidad de que venga a salvarnos algún John Connor, como en The Terminator.

Más historias
¡Absueltos!; todos buscaron sacar raja de un tema delicado
El nacimiento de la nueva oleada rosa; una “nueva alternativa”…pero con viejos cuadros
De Zootopia a Call of Duty, un fin de semana poco convencional en México