Las buenas gentes de Kansas quieren matarme y algún verdugo habrá que esté encantado de hacer el trabajo. Matar es muy fácil. Truman Capote
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Si algo nos ha enseñado la política mexicana es que no hay pactos eternos; todos son acomodaticios. Por decir lo menos, sus protagonistas son los amos del pragmatismo: lo que sea necesario para conservar el poder y seguir vigentes. Dirán que todo es por el bien de México, aunque en realidad se trate de mantener el poder y las prerrogativas. Los partidos políticos son, en los hechos, una gran máquina de dinero y una agencia de colocación de empleo para los suyos.
Aquí se lo dije: la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum está condicionada, y nada tiene que ver con los opositores, cuyo capital legislativo no alcanza para detenerla. Están esperando que los partidos aliados, el PT y el PVEM, les hagan el trabajo, porque, así como está planteada la propuesta de Sheinbaum no les conviene. Eso incluye a los mismos morenistas, que no la ven con buenos ojos; ya parece que van a ir en contra de su botín.
Unos y otros desfilan por la oficina de Pablo Gómez, el ejecutor. Van a reuniones en Palacio Nacional y, como en cónclave, no hay fumata bianca: no hay acuerdo con los aliados. No quieren acompañar la propuesta o están pidiendo pagos muy elevados. Lo veremos pronto; seremos testigos cuando conozcamos a los abanderados para las gubernaturas que se definirán a finales de este año y estarán en juego el próximo.

La iniciativa ya llegó a la Cámara de Diputados. La presidenta incluso presentó un decálogo para hacer presión, pero no le ha funcionado. Morena gobierna con mayoría, domina buena parte de los congresos locales y controla la agenda pública, pero cuando llega el momento de aprobar reformas constitucionales profundas aparece la realidad: sus aliados también cobran —digo, se insubordinan— y llaman a la iniciativa “un retroceso democrático”, como lo hizo la petista Lilia Aguilar Gil. Aunque, como suele suceder, luego cambió de parecer. Ella es férrea defensora del lopezobradorismo y de la Cuarta Transformación, pero ahora van contra lo que quiere Sheinbaum.
Si mantenerse es una habilidad, el mejor ejemplo es el Partido Verde. Han sido camaleónicos: aliados del PRI, después del PAN y ahora de Morena, siempre acomodados del lado donde sopla el viento. Son los únicos que han estado cerca del poder desde el año 2000. Y lejos de extinguirse, han sabido venderse bien. En la elección de 2024 alcanzaron alrededor del 9 % de la votación nacional, lo suficiente para colocarse como tercera fuerza en el Congreso, con una nutrida bancada en ambas cámaras y una bolsa cercana a los 900 millones de pesos en financiamiento público. ¿Para qué?
El Partido del Trabajo tampoco es ajeno a esas prácticas. Durante años caminó en la cuerda floja, siempre al borde de perder el registro, hasta que la alianza con Morena se convirtió en su tabla de salvación y desde ahí colocó a personajes como Gerardo Fernández Noroña y Manuel Bartlett. En la elección de 2024 logró cerca de 5.8 % de la votación nacional, suficiente para mantenerse vigente en el tablero político y asegurar una generosa bolsa de recursos públicos que le permite seguir jugando en las grandes ligas e incluso enfrentar a Claudia Sheinbaum.
Indudablemente Morena construyó una maquinaria electoral formidable. Se fundó como movimiento en 2011, luego como partido en 2014 y para 2018, con sus aliados, llegó a la Presidencia con el Pejelagarto. También heredó la vieja política de que los aliados no acompañan por convicción, acompañan por conveniencia y esa siempre tiene precio. ¡veremos!
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