1 abril, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

La nueva inteligencia que sacude a México y al mundo, pero carece de subjetividad


La llamada inteligencia artificial (IA) es una herramienta, que comienza a fusionarse con nuestro ambiente y con quienes somos, transformando la vida cotidiana.

     Su impacto ha transformado desde la educación hasta la medicina, desde la economía y la política, hasta el trabajo y los vínculos entre las personas, es una nueva realidad con la que convivimos y que transforma también lo que somos, lo que pensamos y cómo vivimos.

     A pesar de los impresionantes avances con la inteligencia artificial y las transformaciones en ciencia y tecnología, lo cierto es que no hablamos de “inteligencia” en el sentido humano, porque aunque la IA pueda realizar por aprendizaje automático una serie de funciones que hacemos los humanos (calcular, procedimientos matemáticos, selección de información, detectar patrones, reproducir lo aprendido) en un tiempo y cantidad de información imposible para un ser humano, eso no significa que piense humanamente.

     En diferentes momentos de la era moderna hemos visto bailar a Claudia Sheinbaum, cantar a Andrés Manuel López Obrador, decir un discurso que va contra la narrativa que tiene Donald Trump, momentos incómodos de Vladímir Putin, discursos malintencionados de Vicente Fox, cambio en gestos en diferente tipo de líderes, manejar al antojo la voz de personas y hasta generar realidades que no existen o que nunca han pasado.

     La IA no tiene conciencia ni subjetividad, aunque simule emociones e interacciones con los humanos aprendiendo y reaccionando a la información que recibe.

     La IA desarrolla un tipo de funciones de manejo de datos que nos supera en capacidad y velocidad; pero no sustituye otro tipo de capacidades humanas, cómo nos relacionamos, sobre el sentido de la vida, que no se resuelven con datos, estadísticas y patrones.

     Pero que del mismo modo se ha encargado de crear simulaciones a la realidad, alterando y generando falsas noticias a nivel mundial; que terminan haciendo grandes daños y dando desinformación.

     El futuro lo escribimos con nuestras decisiones del presente y es de celebrar que los actores políticos estén pensando en anticiparse a lo que vendrá de modo responsable y escuchando a los que saben. La gobernanza de la tecnología será cada vez más un problema en la agenda política.

     Es de conocimiento de la humanidad que nuestra interacción cotidiana con los sistemas informáticos entrega una inmensa cantidad de datos que revelan mucho de nosotros, desde nuestras preferencias hasta nuestra situación familiar, laboral y académica.

     ¿Qué desafíos presenta la IA a la filosofía política? ¿Cómo manejar los sesgos de la programación de la IA a la hora de contratar personas, evaluarlas en su trabajo o en la persecución del crimen sabiendo que alucina, se equivoca y también discrimina? ¿Cuáles serán los efectos políticos de la robótica en términos de justicia e igualdad? ¿Cuáles son los impactos que tiene sobre la democracia a la hora de manipular votantes? ¿Cómo está transformando el periodismo y la generación de noticias? ¿Cómo transforma las relaciones humanas, el aprendizaje y la salud mental? ¿Cuál debería ser el grado de participación ciudadana en la regulación de la IA? ¿Cómo serían los derechos digitales para la protección de datos y asegurar el respeto por la dignidad de las personas? Son preguntas que se tienen y qué cada día se pueden agregar más.

     Las preguntas fundamentales para quienes reflexionan sobre la IA son de carácter ético y político, porque nuevas posibilidades traen consecuencias evitables o imprevisibles. ¿Hasta dónde delegaremos en las máquinas nuestras decisiones? ¿En qué ámbitos se discutirán los sesgos y criterios de la IA para la toma de decisiones? El debate está puesto sobre la mesa, cada uno decide y tiene su punto de vista.

Antonio Amaya Vidal

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