Productores de frijol enfrentan una fuerte desigualdad en la cadena de comercialización: mientras reciben entre 8 y 12 pesos por kilo, en supermercados el precio supera los 30 pesos, impactando tanto al campo como a las familias consumidoras.
La situación, que se replica en varias regiones del país, se agrava por sequías, altos costos de insumos y falta de apoyos efectivos, lo que ha llevado a algunos agricultores a cuestionar la viabilidad de seguir sembrando.
Además, señalan fallas en programas como el precio de garantía, que no llega de forma equitativa, y denuncian una estructura de mercado donde las mayores ganancias no se quedan en el productor.
El panorama refleja una problemática de fondo: producir alimentos es cada vez más difícil, pero comprarlos también más caro, en medio de una crisis que golpea tanto al campo como a los hogares mexicanos.

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