7 abril, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

¡Mentiras caras!; la narrativa oficial que no siempre resiste el contraste con los hechos

La Luna, como una flor en el alto arco del cielo, con deleite silencioso, se instala y sonríe en la noche. William Blake

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

La mentira siempre cae por su propio peso. No se puede engañar siempre; aunque durante el tiempo que dura hace daño y, luego, obviamente, se pierde la confianza. Aunque se digan superiores morales, simplemente ya no les alcanza. Eso le ha sucedido a Genaro Villamil y a su aparato de propaganda en el que han convertido al SPR, que está bajo su mando desde el sexenio pasado.

Aquí le he dedicado varias columnas a esa estrategia de “comunicación” que sirvió para apuntalar el ejercicio de poder del Pejelagarto, como lo era —y sigue siendo con Claudia Sheinbaum— la conferencia mañanera. Las cabezas que lo idearon fueron Jesús Ramírez Cuevas y Genaro Villamil. Se construyeron medios al vapor, youtuberos que no hacen periodismo, sino que son “matraqueros” del régimen, y transformaron al Canal Once, al 14 y lo mismo a estaciones de radio pertenecientes al IMER en parte de una maquinaria desde donde se hace propaganda, se busca adoctrinar y, al final, informar.

Las cosas se les pusieron difíciles a los que llevan la sección de Infodemia en la mañanera del pueblo. Ya son varias ocasiones, y no solo en la presente administración: ahí están los videos de los ridículos que hacía Elizabeth García Vilchis cada que se presentaba. Pero a López todo se le resbalaba y la respaldaba; Claudia Sheinbaum no tiene la paciencia ni el teflón de su mentor y no le parece nada gracioso que la estén cuestionando en redes, y menos que los tachen de mentirosos.

Ahí está Infodemia, encabezada por Jenaro Villamil, que nació —según dijeron— para combatir la desinformación de los “pinches medios tradicionales”. Como suele suceder, en el papel sonaba bien, porque en tiempos de la vorágine digital se lee cualquier cosa y los profesionales también se van de bruces, o como se dice en el argot, con los “borregazos”. En la práctica terminó convertida en una oficina de propaganda que desmiente lo que incomoda y valida lo que conviene. Lo peor es que ha sido la propia presidenta quien termina desnudándolos; por ejemplo, con lo del derrame de crudo en las costas de Tabasco, Veracruz y Tamaulipas: mientras el discurso era de negación, se tuvo que aceptar.

La gota que derramó el vaso fue la mujer que se asoleaba las piernas en una de las ventanas de Palacio Nacional. Uno de esos youtuberos me dijo que la instrucción de quien los coordina fue señalar que se trataba de inteligencia artificial y, para ello, les dieron texto y un video. Pero Vampipe, que fue quien dio a conocer las imágenes, presentó varias tomas; luego se fueron sumando otras y ya no se pudieron sostener, hasta que Sheinbaum Pardo lo reconoció y todos tuvieron que tragar sapos.

El error no es menor: se trató de manipular y mentir. Aquí no hablamos de un funcionario confundido o víctima, como se quiere colocar Villamil, sino de una estructura propagandista financiada con dinero público para construir “verdades oficiales”. Y eso ya cruzó una línea peligrosa: la del uso del Estado para atacar, descalificar y presionar a quienes simplemente discrepan con la 4T.

Pero la cosa se pone peor. Como en serie chafa de Epigmenio Ibarra, la revista Proceso —casa editorial por muchos años y donde Genaro Villamil publicó sus mejores trabajos— lo ha exhibido, revelando que la Infodemia no es precisamente barata. Millones de pesos destinados a una operación que incluye sueldos elevados, producción de contenidos y toda una maquinaria digital al servicio del discurso oficial. Lo anterior se suma al escándalo de la compra de antenas que nunca aclaró, y hasta lo de sus cigarros con cargo al erario.

Mientras se acusa a otros de mentir, se construye una narrativa oficial que no siempre resiste el contraste con los hechos. La “infodemia” deja de ser un fenómeno a combatir —y que se debe hacer porque daña a las audiencias— para convertirse en una herramienta utilitaria, y Villamil cruzó la línea.

En columnas se habla de que ya le pidieron la renuncia y que solo es cuestión de días, mientras se enfría el tema, pero los errores y las publicaciones con datos obtenidos por transparencia le dan otro empujón. No sabemos si se va, pero que desprestigio… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.Hasta la próxima.

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