11 junio, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

México en el mundial 2026; el costo político y social también comienza a hacerse visible

Por: Jahir Santiago Hernández

A menos de 24 horas del inicio del Mundial de Fútbol México 2026, la euforia de los aficionados se hace presente ante la expectativa de ver el desarrollo de cada partido y, sobre todo, el desempeño de la selección mexicana. La promoción del torneo ha inundado los medios nacionales e internacionales; sin embargo, pocos se han detenido a preguntarse cómo nació esta tradición que, cada cuatro años, paraliza a millones de personas alrededor del mundo.

La historia de la Copa del Mundo se remonta a 1928, bajo el impulso del entonces presidente de la FIFA, Jules Rimet. La organización decidió crear un torneo internacional exclusivo para selecciones profesionales y Uruguay fue elegido como sede de la primera edición, celebrada en 1930. Factores como el largo viaje en barco y la Gran Depresión provocaron que varios países europeos desistieran de participar, reduciendo la lista de competidores a tan solo 13 selecciones. El torneo concluyó con el triunfo del equipo anfitrión, que derrotó a Argentina por 4-2 en la final disputada en Montevideo.

Hoy, casi un siglo después, México está bajo los reflectores junto con Estados Unidos y Canadá, al convertirse en la primera edición del Mundial organizada por tres países de una misma región. Además, el país escribirá una nueva página en la historia del futbol al albergar por tercera ocasión una Copa del Mundo, después de las ediciones de 1970 y 1986.

Entre las razones de este nuevo modelo de organización destaca la expansión sin precedentes del torneo. El aumento de selecciones participantes, de 32 a 48, elevó el número total de encuentros de 64 a 104 partidos. La magnitud del evento hace cada vez más complejo para un solo país asumir toda la carga logística y económica, por lo que compartir la sede permite distribuir responsabilidades y aprovechar la infraestructura ya existente, evitando la construcción de estadios costosos que posteriormente puedan quedar en desuso. En el caso de América del Norte, la región ya contaba con recintos modernos y de gran capacidad pertenecientes a la NFL, la MLS y la Liga MX, lo que hizo posible albergar el torneo sin construir estadios desde cero.

No obstante, aunque este modelo busca disminuir costos, la organización de la Copa Mundial de la FIFA 2026 ha representado una importante inversión pública para la Ciudad de México. De acuerdo con información difundida por el Gobierno capitalino y retomada por Infobae y RÉCORD, la preparación de la sede mundialista ha implicado una inversión superior a los 23 mil millones de pesos, destinados a más de 2,200 obras de infraestructura y mejoramiento urbano.

Entre los principales rubros de gasto destacan los 7 mil millones de pesos para obras de agua y drenaje, 5,764 millones para proyectos de movilidad, que incluyen mejoras al Metro, el Tren Ligero y nuevas líneas de trolebús, así como 10,358 millones de pesos para infraestructura urbana, donde se contemplan la construcción del Parque Elevado de Calzada de Tlalpan, trabajos de repavimentación y la modernización del alumbrado público.

Sin embargo, la magnitud de esta inversión contrasta con las expectativas económicas del evento. De acuerdo con estimaciones de Moody’s Analytics, citadas por El Financiero, el Mundial de 2026 aportará apenas 0.14 puntos porcentuales al Producto Interno Bruto (PIB) de México, lo que sugiere que, aunque el torneo generará actividad económica y atraerá turismo, su efecto sobre el crecimiento nacional será limitado.

Si el costo económico del Mundial 2026 ha generado debate, el costo político y social también comienza a hacerse visible. A unos días de la inauguración, las calles de la Ciudad de México no solo se preparan para recibir a miles de visitantes, sino también para convertirse en un escaparate internacional de las demandas sociales que diversos colectivos consideran pendientes.

De acuerdo con Infobae, especialistas señalan que las movilizaciones convocadas en el contexto del Mundial reflejan una falta de interlocución efectiva entre las autoridades y distintos sectores de la población. Maestros, colectivos de búsqueda, organizaciones estudiantiles y otros grupos sociales han anunciado protestas aprovechando la atención mediática que genera el evento deportivo más importante del mundo.

El fenómeno no es ajeno a la historia de los grandes eventos internacionales. La visibilidad global que ofrece una Copa del Mundo convierte al espacio público en una plataforma para expresar inconformidades que, en otras circunstancias, tendrían un alcance más limitado. En este sentido, las manifestaciones no solo representan un reto para la movilidad y la logística del torneo, sino también un recordatorio de que los grandes proyectos de infraestructura y promoción internacional conviven con demandas sociales aún sin resolver.

A menos de un día del silbatazo inicial, el Mundial 2026 proyectará al mundo la capacidad organizativa y la riqueza cultural de México, pero también mostrará los desafíos económicos y sociales que acompañan a un evento de esta magnitud. Porque, más allá de los noventa minutos de cada partido, la Copa del Mundo también refleja la historia, las prioridades y las realidades de los países que la reciben.

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