La vida es una buena obra de teatro con un tercer acto mal escrito Truman Capote
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Cuando los resultados no acompañan al discurso, el oficialismo suele buscar culpables antes que explicaciones. Ese es el modus operandi del régimen.
La mañanera del miércoles, ahí, en el Salón Tesorería de Palacio Nacional, marcó la reaparición de Liz Vilchis, aquella funcionaria encargada de la sección “¿Quién es quién en las mentiras?”, un espacio supuestamente creado para desenmascarar a los medios que, según el gobierno, mentían durante el “obradorato”. Sin embargo, siempre quedó en evidencia la limitación de sus conocimientos sobre los medios de comunicación, la ausencia de nociones básicas de periodismo y una pésima capacidad de lectura. Ahora es reportera de un medio afín, de esos que aplauden lo que sea, pero que también están dispuestos a servir de parapeto, incluso antes de que lleguen las crisis.
Eso fue precisamente lo que hicieron con la “comunicadora”: curarse en salud respecto al tema de la inversión, las promesas y los resultados obtenidos por el Mundial de fútbol. La cifra prometida de visitantes simplemente no llegó. La secretaria de Turismo, Josefina Rodríguez, aseguró que arribarían alrededor de cinco millones de turistas y que la derrama económica alcanzaría hasta 65 mil millones de pesos. Sin embargo, el certamen aún no concluye —la final será el domingo— y la derrama económica apenas oscila entre los 45 y los 50 mil millones de pesos. Evidentemente, en unos cuantos días ya no será posible alcanzar la meta anunciada.

A los de la 4T les ha dolido mucho el fracaso en materia turística y las críticas que ya comienzan a multiplicarse. Pero era evidente que las proyecciones fueron exageradamente optimistas y ahora, como dicta el manual del demagogo de Macuspana, hay que culpar a otros; en este caso, a los medios de comunicación. Ya lo hicieron. Esta vez les tocó a Azucena Uresti y a Pepe Yuste, quienes hablaron del fracaso financiero que dejó la celebración del Mundial, con apenas 16 partidos disputados en territorio mexicano.
Ahí queda la inversión realizada en las tres sedes; también las obras inconclusas o insuficientes, como la calzada flotante y las intervenciones en el Metro de la Ciudad de México, además de los trabajos realizados en Nuevo León. A ello se sumaron las protestas de las madres buscadoras y de los maestros, así como las alertas de viaje emitidas por los gobiernos de Estados Unidos y del Reino Unido, que advirtieron sobre problemas de delincuencia y aglomeraciones. Eso no puede negarse. Sí hubo un ambiente festivo y, como siempre, los mexicanos demostraron su hospitalidad con los visitantes; pero, nuevamente, las cifras quedaron por debajo de las expectativas oficiales.
Y es que los grandes eventos deportivos, por sí solos, no garantizan un crecimiento automático del turismo. Hace falta conectividad aérea, facilidades migratorias, seguridad, promoción efectiva y una estrategia capaz de convertir al visitante ocasional en un turista que recorra el país y conozca otros destinos.
Apostarlo todo al efecto Mundial fue una apuesta demasiado optimista y costosa. Incluso especialistas en economía del deporte advirtieron, desde antes del torneo, que los beneficios para los países anfitriones suelen ser mucho menores de los que anuncian los gobiernos, mientras que la FIFA concentra la mayor parte de los ingresos generados por un espectáculo que, además, cada vez menos personas pueden pagar.
El verdadero saldo y el legado deberán medirse en los próximos meses; eso no podrá ocultarse. Si las obras terminan mejorando la calidad de vida de las ciudades sede y fortalecen el turismo permanente, entonces habrá valido la pena. Pero si todo quedó reducido a estadios remodelados, campañas publicitarias y cifras infladas para alimentar la narrativa política, el Mundial habrá sido una oportunidad desaprovechada, en la que la única gran ganadora fue la FIFA.
México no necesitaba vender el espejismo de cinco millones de visitantes; necesitaba construir una estrategia realista que aprovechara el escaparate mundial. Ya comenzaron a curarse en salud y defenderán esa narrativa con sus jilgueros desde el poder. Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.

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