Tradicionalmente, cumplir los 30 años venía acompañado de bromas sobre las resacas de dos días y la necesidad de tomar café para sobrevivir a la jornada.
Sin embargo, lo que muchos profesionales consideran un “paso natural de la edad” o un “metabolismo lento”, la ciencia y la medicina corporativa están comenzando a identificarlo como algo mucho más insidioso: el impacto físico del Burnout.
En un entorno laboral que premia la hiperconectividad, vivir agotado se ha vuelto una medalla de honor. Pero esta factura emocional tiene un correlato químico que se refleja, literalmente, en la cintura de los trabajadores.

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