3 junio, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

¡Casos impunes!; el tema de la violencia contra los comunicadores no es nuevo…

Una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala Albert Camus.

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Desde Palacio Nacional nos dicen que las libertades están garantizadas, sobre todo la libertad de expresión. Pero, tal y como dice el manual del Pejelagarto, si es que existiera, hay que darles un palo para que sepan quién manda. “Tengan para que aprendan”, rezaba el tabasqueño. Mientras se llenan la boca con la narrativa de todas las libertades, hacen llamados para que no se vea tal o cual medio de comunicación, como si el respetable fuera menor de edad. Eso se llama censura porque se ejerce con toda la fuerza del Estado y no la práctica cualquiera: la ejerce la presidenta. A lo anterior hay que sumar la violencia y la impunidad que padecen los periodistas.

Se avecina el Día de la Libertad de Expresión en un país donde se siguen corriendo riesgos por hacer trabajo periodístico. Claro que no es lo mismo ejercerlo desde grandes ciudades como la Ciudad de México que hacerlo en rancherías, pueblos y comunidades más pequeñas, donde todos se conocen. Además, muchos compañeros se encuentran atrapados entre dos fuegos: por un lado, los funcionarios a quienes no les gusta lo que se publica; por el otro, el crimen organizado. No hay margen para moverse.

El tema de la violencia contra los comunicadores no es nuevo. Se desató hace años, pero repuntó durante el gobierno de Vicente Fox y los sexenios siguientes fueron un desastre. Mención aparte merece la administración de Andrés Manuel López Obrador. Incluso la compañera Lourdes Maldonado acudió en marzo de 2019 a la mañanera para pedir ayuda al presidente porque temía por su vida. Señaló a sus acosadores y, tristemente, nada pasó. Fue asesinada a tiros el 23 de enero de 2022, cuando llegaba a su casa en Tijuana. En esa misma ciudad, el 20 de abril de 1988, fue ultimado el director del semanario ZETA, Héctor “El Gato” Félix Miranda. ¿Poco o nada ha cambiado?

En 2012 yo era director del diario El Punto Crítico. Teníamos varios colaboradores, entre ellos el fotoperiodista Federico Manuel García Contreras, quien se trasladó al municipio de Tanquián de Escobedo, en San Luis Potosí. Lo último que se supo es que fue arrestado por un policía; estuvo en el cuartel de la corporación municipal y luego simplemente desapareció. Los agentes ofrecieron versiones ambiguas sobre su detención. Se presentaron las denuncias correspondientes, el entonces gobernador Fernando Toranzo Fernández ofreció su ayuda y prometió una investigación, pero el caso sigue impune. Impávido, uno observa cómo se desmorona una familia: dos hijas, nietos y una ausencia que no termina.

Les molesta que se diga, y más en esta época mundialista, pero somos un país de desaparecidos, de fosas clandestinas y de dolor. Mientras desde el poder se insiste en que vivimos tiempos de transformación, la realidad vuelve a golpear al periodismo y resulta alarmante. En un video que circuló por las benditas redes sociales se aprecia el secuestro de la reportera Roxana Berenice Guzmán, del medio Pulso Informativo del Sureste. Un grupo de hombres armados irrumpió en su domicilio en Nanchital, Veracruz, entidad gobernada por Rocío Nahle y una de las más peligrosas para el ejercicio periodístico.

Se trata de otro episodio que exhibe la vulnerabilidad de quienes ejercen el oficio de informar en amplias regiones del país, donde el crimen actúa con una impunidad que parece haberse normalizado. La tragedia no es solamente que desaparezcan, secuestren o asesinen periodistas; es que, con el paso del tiempo, los expedientes se acumulan, las familias siguen esperando justicia y los que gobiernan se van. El dolor se queda y la violencia se vuelve cotidiana… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.

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