13 julio, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

¡Verdad atrapada!; FGR y Ernestina Godoy terminaron protagonizando un auténtico papelón

Cualquiera que alguna vez te haya dado confianza, le debes mucho Truman Capote

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Es muy complicado sostener las mentiras para siempre. Para intentarlo hay que decir una, luego otra y después otra más, hasta que la historia se vuelve endeble y termina por romperse. Eso le ha ocurrido al gobierno de la 4T, primero con López Obrador y ahora con Claudia Sheinbaum, en varios frentes. Pero el caso que más los ha exhibido, y que también ha dejado al descubierto lo vulnerables que somos frente a Estados Unidos, es el de la extracción de Ismael “El Mayo” Zambada.

Lo que en apariencia parecía una detención y un logro terminó por mostrar algo mucho más profundo en la relación bilateral: la falta de confianza entre dos gobiernos que dicen cooperar y respetar la soberanía, pero que al final juegan en equipos distintos. En realidad, así ha sido siempre. La relación se ha tensado y, aunque en Palacio Nacional no quieran reconocerlo, ese episodio también pesó en la revisión anual del T-MEC, esa que aseguraban tener bajo control y que atribuían únicamente a las declaraciones de Donald Trump y a su brusca forma de comunicar. Ya vimos que no era así.

Desde Washington se insiste en que no hubo un operativo en México y se mantienen bajo reserva los detalles que llevaron al capo a enfrentar a la justicia estadounidense, mientras exhiben la aeronave como si fuera un trofeo. Del lado mexicano se sostiene que todo fue una operación de agencias estadounidenses en nuestro territorio. En ambas narrativas abundan las preguntas y escasean las respuestas verificables. Eso sí, el exembajador Ken Salazar, quien fuera amigo de López Obrador con derecho de picaporte, según Sheinbaum, ahora resulta ser el gran mentiroso, aunque ahora sostiene que nunca dijo lo que todos le escuchamos.

El asunto adquiere otra dimensión cuando aparecen los acuerdos judiciales alcanzados por integrantes de la familia Guzmán que abandonaron el país. Resulta difícil creer que la entrega de uno de los fundadores del Cártel de Sinaloa ocurriera sin una compleja negociación previa. La justicia estadounidense ha demostrado durante años que sabe utilizar la colaboración de integrantes del crimen organizado para alcanzar objetivos mayores, mientras que México quedó reducido al papel de espectador, lo cual es sumamente grave, porque terminó enterándose de los hechos por las noticias. Esa es, quizá, la mayor humillación diplomática del episodio.

Mientras tanto, en otro capítulo de esta historia, la FGR y Ernestina Godoy terminaron protagonizando un auténtico papelón. El piloto señalado como pieza clave para esclarecer el traslado de Ismael “El Mayo” Zambada estuvo bajo control de las autoridades mexicanas, pero, en lugar de ser presentado ante un juez o fortalecer la investigación, simplemente fue deportado. Después vino la sorpresa. Así resulta difícil sostener una investigación sólida cuando la propia autoridad deja escapar, quizá por conveniencia o por negligencia, a quien presentaba como una pieza clave.

La captura de un capo puede cerrar un expediente, pero también abrir una profunda fisura diplomática. Lo ocurrido con “El Mayo” no sólo redefinió el tablero del narcotráfico; dejó claro que, en la relación entre México y Estados Unidos, la información sigue siendo el arma más poderosa y el secreto mejor guardado… pero mejor ahí la dejamos.

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Hasta la próxima.

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