5 junio, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

¡Gobernar solo con palabras!; a ningún gobierno le gusta la crítica…

Bajo el gobierno de una totalidad represiva, la libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación. Herbert Marcuse

Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez

Todos los gobiernos intentan implantar su propia realidad. A ninguno le gusta la crítica, aunque varios la soportan para presumirse democráticos y tolerantes. Otros, enmascarados durante las campañas, ofrecen garantizar todas las libertades; pero una vez que posan el trasero en la silla del poder se les olvida y se muestran tal como son. Esas son las narrativas. Así hemos vivido con los del PRI, con los del PAN y ahora con los morenos. Sin embargo, las narrativas suelen desarticularse ante la fuerza de la evidencia y de la realidad.

Desde la Presidencia, o mejor dicho desde la conferencia mañanera, que es el verdadero ejercicio de poder, se gobierna con decretos, propuestas y leyes, pero también con palabras. Ese es el valor de ese ejercicio de propaganda que luego se replica en redes sociales y otros medios. Ahí están las narrativas oficiales, utilizadas para moldear la percepción pública, contener el desgaste político y mantener viva una versión conveniente de los hechos. Así se le fueron seis años a López Obrador: de pura saliva.

Todos estamos expuestos a esos mensajes. Dígame usted si no. Cuando escuchamos que ahora sí nos va a ir mejor o que vamos muy bien, el discurso se desarticula en cuanto el kilogramo de jitomate cuesta 60 pesos, las papas 65, la leche 40 y el huevo ronda los 50. Eso lo resiente el bolsillo. Quienes gobiernan no hacen el súper ni se preocupan por ajustar el gasto familiar. O qué tal aquello de que las obras mundialistas quedarán para la posteridad, cuando ni siquiera tenemos un Metro eficiente e incluyente. Bastará el paso del tiempo para conocer la verdadera dimensión de lo gastado.

Estamos tan bien que, en la macroeconomía, las calificadoras internacionales emiten señales de alerta sobre las finanzas públicas o reducen sus perspectivas sobre la economía, mientras en Palacio apenas alcanzan para comentarios distractores o para descalificar a quienes evalúan. Los acusan de responder a intereses ajenos o minimizan la importancia de sus análisis. Los de la 4T siempre peleando con sombras. Desde la mañanera nos recetan que “vamos bien económicamente”, mientras el crecimiento sigue siendo insuficiente y miles de pequeños negocios enfrentan mayores costos de operación. La macroeconomía puede lucir estable en los informes, pero la economía familiar cuenta otra historia cuando el dinero alcanza para menos. El mensaje es claro: no importa lo que se diga, lo importante es creer en la versión oficial y repetirla a través de sus jilgueros.

En tiempos de tensión con Estados Unidos hay que recurrir a otra narrativa frecuente: la soberanía nacional. Y si no estás de este lado, entonces eres un “vendepatrias”. Se presenta como una bandera patriótica difícil de cuestionar porque nadie podría estar en contra de la defensa de los intereses nacionales. Pero el concepto suele utilizarse para justificar decisiones económicas, energéticas o comerciales que poco tienen que ver con la independencia nacional y mucho con cálculos políticos internos, como la defensa de personajes cuestionados por sus malas compañías. Todo eso se convierte en mensajes para las redes sociales y después en combustible para la confrontación entre mexicanos.

El problema aparece cuando el discurso se aleja demasiado de la realidad. Esas narrativas pueden funcionar durante un tiempo, pero difícilmente superan la prueba de la historia. Si no, que le pregunten a López Obrador y a su supuesto combate a la corrupción. Las narrativas son útiles para ganar tiempo, mantener bases de apoyo y sostener proyectos políticos. Incluso forman parte legítima de la comunicación gubernamental. El asunto es cuando se pretende sustituir la realidad y convertirlas en el único argumento disponible.

Hoy, mientras la Ciudad de México padece obras interminables, afectaciones viales y decisiones cuestionadas, también se nos pide creer que todo marcha conforme al plan. Pero la realidad tiene la mala costumbre de imponerse. Tarde o temprano, los datos, la economía, la inseguridad, los servicios públicos y la vida cotidiana terminan derrotando cualquier relato oficial. Las narrativas son como la pintura fresca sobre una pared agrietada: durante un tiempo esconden los desperfectos, pero tarde o temprano las grietas vuelven a aparecer… pero mejor ahí la dejamos.

Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.

Hasta la próxima.

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