Arrugas y huesos, canas y diamantes: me muero de ganas de que llegue ese momento Truman Capote
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Hay decisiones que no se toman… se esquivan. Y pocas cosas retratan mejor el estilo de gobierno de Andrés Manuel López Obrador que aquella promesa convertida en consulta, aquella consulta convertida en trámite y aquel trámite convertido en coartada para no ir contra las cabecillas de lo que él llamaba “la mafia del poder”.
En paralelo al abatimiento de “El Mencho”, quedó la estrategia echada a andar desde Palacio Nacional, con sus “comunicadores” para exaltar y echar porras al gobierno que encabeza Claudia Sheinbaum Pardo. Muchos cayeron en la difusión de noticias falsas, al igual que varios reporteros que erraron y luego lo reconocieron, todos abonando a la infodemia en un momento de poca información, y más aún con un gobierno que no es muy versado en tiempos y formas.
Como siempre, todo se politiza, de uno y otro lado. Que no se hagan de la boca chiquita, porque todos buscaron sacar raja de un tema delicado; varios exhibieron sus carencias y falta de pericia en el manejo de la información. Como es costumbre, echaron a andar la estrategia para culpar a Felipe Calderón. Claro que tiene responsabilidad por haber comenzado la guerra contra el narcotráfico, pero también la tienen Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. Por cierto, en el sexenio de este último el crimen creció como nunca: ahí están los muertos, los desaparecidos y los desplazados.

Las redes sociales ardieron con críticas y ataques. Entre ellos comenzaron a circular imágenes de “El Mencho” junto a la de Felipe Calderón, con textos como “ahora sigue este otro narcotraficante”. Uno, otro y otro de sus corifeos, en nado sincronizado, como lo han hecho en otras ocasiones: la estrategia de Ramírez Cuevas. Los contras recordaron las visitas del Pejelagarto a Badiraguato y el saludo a la fallecida madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán; “la barredora”, “el huachicol fiscal” … se dieron con todo.
De nuevo, todos han tenido responsabilidad de que este sea un país con estos niveles de inseguridad, muerte y fosas clandestinas. Ningún gobierno se salva; todos se hicieron pequeñitos. Pero cabe recordar que fue Andrés Manuel López Obrador, el humanista, quien exoneró a sus antecesores. Había prometido llevarlos ante la justicia y simplemente no lo cumplió: se le doblaron las corvas. O, en el fondo, sabía que la historia le tenía reservado un lugar junto a ellos: a Felipe, a Enrique y a Andrés.
Una decepción para muchos fue que, en vez de utilizar las facultades del Ejecutivo para presentar denuncias formales ante la Fiscalía —vaya que había elementos—, decidió trasladar la decisión y la responsabilidad al pueblo. Así nació la consulta popular del 1 de agosto de 2021, organizada por el Instituto Nacional Electoral. Una sola pregunta enredada, cuidadosamente redactada por la Suprema Corte, que no mencionaba directamente a los expresidentes, pero que todos sabían a quién aludía.
Para los pregoneros, fue López quien los perdonó, entre consultas, discursos y culpas heredadas, el poder volvió a hacer lo que mejor sabe: protegerse a sí mismo. Porque cuando la justicia se somete a votación, deja de ser justicia y se convirtió en cálculo político… Pero mejor ahí la dejamos.
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Hasta la próxima.

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