31 marzo, 2026

PERIODISMO CON SENTIDO

Violencia en casa, impacto en el trabajo: el costo silencioso que enfrentan millones de mujeres en México

En México, la violencia no se queda en casa. Sus efectos cruzan la puerta y llegan al trabajo, a la economía personal y a la estabilidad laboral de millones de mujeres. Las cifras son contundentes: casi el 40% ha vivido violencia de pareja y más del 63% de estos casos ocurre dentro del hogar, el espacio que debería ser el más seguro.

El problema no es solo social, también es económico. La violencia doméstica afecta directamente la capacidad de las víctimas para conservar su empleo, mantener ingresos constantes y sostener su autonomía financiera. A esto se suma una brecha salarial cercana al 6% y una carga desigual en el trabajo no remunerado: las mujeres destinan el doble de tiempo que los hombres a labores de cuidado.

Los efectos son visibles en el ámbito laboral. Ausencias, baja productividad, problemas de salud física y emocional, e incluso la pérdida del empleo forman parte de una cadena de consecuencias que rara vez se contabiliza en términos económicos, pero que impacta de forma directa en la vida de las víctimas.

Además, el riesgo no es menor: más del 11% de las mujeres ha sufrido violencia familiar, lo que refleja que el entorno doméstico sigue siendo uno de los principales focos de agresión. En muchos casos, la dependencia económica se convierte en un factor que dificulta romper con estos ciclos.

El fenómeno también representa un reto para el entorno laboral. Empresas y centros de trabajo enfrentan una realidad donde la violencia externa repercute en la operación diaria, sin que existan, en muchos casos, mecanismos claros de apoyo o acompañamiento.

A nivel internacional, organismos como la Organización Internacional del Trabajo han advertido que la violencia doméstica debe abordarse también desde el ámbito laboral, al considerar sus efectos en la productividad, la seguridad y el bienestar de las personas trabajadoras.

El panorama revela una problemática estructural: la violencia no solo vulnera derechos, también limita el desarrollo económico y perpetúa desigualdades. Mientras tanto, millones de mujeres enfrentan una doble carga: sobrevivir a la violencia y, al mismo tiempo, sostener su vida laboral en condiciones adversas.

En este contexto, el desafío no es menor. Visibilizar el problema es apenas el primer paso; el verdadero reto está en traducir esas cifras en acciones que permitan romper un ciclo que, hasta ahora, sigue operando en silencio.

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