El periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo. Gilbert Keith Chesterton
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Para la presidenta Claudia Sheinbaum, las últimas tres semanas habían ofrecido un remanso frente a tanta presión, principalmente la que proviene de Estados Unidos. Incluso, su visita a España parecía diseñada para presumir logros; pero la realidad que vive el país se empeña en apretar todos los botones al mismo tiempo. Las crisis se van tejiendo con hilos sueltos de demagogia, incompetencia y falta de pericia de varios de sus funcionarios, hasta que terminan por reventarles en la cara.
Han querido minimizar lo ocurrido con la muerte de dos miembros de la CIA. También han intentado culpar a la gobernadora de Chihuahua y, para ello, han echado a andar la maquinaria de sus voceros, como Arturo Ávila. Ya el Senado de la República la ha citado, y qué bueno, porque María Eugenia Campos tiene mucho que aclarar; pero también la Federación, porque ya no alcanza, para evadir responsabilidades, el “yo no sabía”.

El manejo del tema recuerda lo ocurrido el 25 de julio de 2024, cuando Ismael “El Mayo” Zambada y Joaquín Guzmán López fueron trasladados y luego aparecieron en Estados Unidos para enfrentar procesos. Desde la mañanera, Andrés Manuel López Obrador decía no tener información; con el paso de los días pedía que la embajada del vecino del norte aclarara qué había pasado. Evidentemente no le hicieron caso: le habían perdido la confianza por sus constantes apapachos a los malos. Claro, del otro lado también hay responsabilidad.
En el caso de los agentes de la CIA, en un primer momento, en la mañanera, la presidenta dijo no saber de qué se trataba; incluso se molestó. Después no le quedó de otra más que aceptar que sí colaboraban con Chihuahua. ¿Y para qué está la Secretaría de Gobernación? ¿Engañan a la presidenta? ¿Le dan información falsa? ¿O la hacen mentir?
La muerte de dos miembros de la CIA no es cualquier cosa, no lo es aquí ni en ningún lado. Pero tratándose de Washington y de Donald Trump, el asunto escala rápido y le da municiones para un nuevo ataque. El tema se politiza aquí y allá, se convierte en argumento, y el anaranjado no dejó pasar la oportunidad. De nuevo endureció el discurso, desempolvó viejas amenazas y volvió a colocar a México como problema, como riesgo para su país, como un vecino incómodo.
Esas actitudes ya no sorprenden; así se ha conducido. Pero resultan harto peligrosas en un contexto donde los ánimos están encendidos y Trump pierde gas entre su ciudadanía: se le va la popularidad y la aceptación de su segundo mandato. Sus actos beligerantes no se reflejan de manera positiva en las encuestas. Además, se acerca la renegociación del T-MEC, y ahí quedan sus amagos de abandonar el acuerdo comercial.
En plena visita del representante de la ONU, que exhibe la crisis de desaparecidos y como si el escenario necesitara más presión, el asesinato de una turista canadiense en Teotihuacán, a manos de un demente, al estilo “gringo”, terminó de cerrar el círculo. Un símbolo nacional convertido en noticia internacional por la violencia, en medio del preámbulo futbolero que representa el Mundial. El impacto no es solo mediático: Canadá ya ha lanzado alertas para que sus ciudadanos no visiten México, y Estados Unidos hace lo propio, mientras otros países toman nota. La percepción —esa que tanto ha costado construir con campañas como “México está de moda”— se desmorona en horas, aunque la narrativa oficial lo minimice.
De nuevo, la presión entre México y Estados Unidos: uno presiona; el otro contiene y justifica. Uno grita; el otro calcula hasta dónde le alcanza. Mientras tanto, la narrativa internacional se escribe sin pedir permiso, como suelen hacerlo ellos. Aquí, en cambio, nadie sabe y nadie supo. En política exterior no siempre gana quien tiene la razón; gana quien logra imponer su versión… pero mejor ahí la dejamos.
Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.Hasta la próxima.

Más historias
¡No pudieron!; parece que el tiempo y la paciencia se han agotado para Luisa María Alcalde
Nuestra torre de Babel: la incapacidad de debatir
Fracking, por la independencia energética de México; la UNAM le entra al quite y defiende