Un pedazo de luna en el bolsillo es mejor amuleto que la pata de conejo. Jaime Sabines.
Por: Arturo Suárez Ramírez / @arturosuarez
Hace unos días se revivió un video protagonizado por López Obrador, Claudia Sheinbaum y el gabinete del primero. Aquel 5 de diciembre de 2021 aparecieron en un vagón de tren que supuestamente salía de Buenavista para llegar al AIFA. Aquello generó polémica porque usuarios de redes sociales acusaron que se trató de un montaje: las ventanas, como si fueran monitores, se fueron a blanco, lo que aumentó la suspicacia.
Luego todo quedó más claro, porque aquella obra no se terminó y, con el Mundial de Futbol en puerta y la infraestructura pendiente para llegar al Felipe Ángeles, Sheinbaum Pardo dio el banderazo de salida al Tren México-Pachuca el 6 de octubre de 2024, tres años después de aquel video donde se presumían las vías de acceso al capricho del “Pejelagarto”. ¿Entonces cómo se justifica el retraso o el montaje?
Lo que se suponía debía ser símbolo del mejor gobierno, es decir, aquellas obras que prometieron y que fueron inauguradas sin terminar porque les ganó el sexenio y la campaña, esos proyectos hechos sobre las rodillas, no terminan por mostrar todo su potencial como se anunció. No alcanzan el cien por ciento de operatividad y requieren inyección constante de recursos, dinero que podría destinarse a otros proyectos.

El argumento que se usa parece sencillo: se trata de obras de largo plazo, no se les puede medir con la lógica de la rentabilidad inmediata. Y tienen razón, en parte. Por un lado están la promesa de campaña y las prisas; por otro, la realidad. Es cierto, hay obras que requieren años para consolidarse y así debieron plantearse desde el inicio. El problema es que se ofrecieron como detonantes de desarrollo autosuficientes, como motores capaces de generar ingresos, empleos y crecimiento sin convertirse en cargas permanentes para las finanzas públicas… y en eso vamos.
También se nos dijo que el combate a la corrupción y la austeridad permitirían financiar estas obras sin comprometer el presupuesto. Ahí está el Tren Maya y los contratos como los del balastro, entregados a amigos de los hijos de López; y el Tren Interoceánico, ambos con percances. Sin embargo, cada año se destinan miles de millones a su operación, mantenimiento y, en algunos casos, a cubrir pérdidas. Es decir, el costo no terminó con la inauguración, apenas comenzó.
Hay una delgada línea entre inversión pública estratégica y obstinación política. Cuando un proyecto no alcanza los niveles esperados, lo responsable sería replantearlo, ajustarlo o incluso reconocer errores. Pero en el discurso oficial no hay espacio para la autocrítica: todo funciona, todo avanza, todo es éxito, secundado por jilgueros que todo aplauden… aunque los números digan otra cosa. Las pérdidas del Tren Maya ascienden a 3 mil 649 millones de pesos en 2025, casi 9.9 millones diarios, pese a subsidios.
Por su parte, el AIFA perdió mil 755 pasajeros internacionales tras la salida de rutas a Estados Unidos. Claro, en vacaciones hay afluencia, y es que sería una vergüenza con el AICM como se encuentra. Ya que estamos en la aviación, ahí está Mexicana de Aviación: ha enfrentado retos financieros significativos en su primer año de operación, acumulando pérdidas de hasta 707 millones de pesos al tercer trimestre, sin que se conozca cuándo llegará el punto de retorno de inversión.
Y aún falta espacio para hablar de Dos Bocas, o de las empresas que administran la SEDENA y la Marina… pero mejor ahí la dejamos.
Escríbeme tus comentarios al correo suartu@gmail.com y sígueme en la cuenta de Instagram en @arturosuarez_.Hasta la próxima.

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